Regreso al futuro: La RC ante la nueva movilidad urbana

Javier Casells

Dicen que la generación a la que pertenezco, la Generación X, que abarca sin demasiada exactitud a los nacidos entre los años 60 y los primeros años de la década de los 80 del siglo pasado, somos una generación perdida.

Y lo somos, según los expertos, porque hemos vivido a caballo entre el empuje y la ambición de los baby boomers (quienes a modo de ejemplo en 2004 atesoraban el 80% de la riqueza del Reino Unido) y el carácter iconoclasta e irreverente de los MIllennials.

Aunque esta afirmación pueda ser en parte cierta, como generación puente entre dos tan distintas, es en la capacidad de cambio donde creo que está la clave de nuestro éxito, especialmente de los X más tardíos.

Nacimos en un mundo sin internet, sin mandos a distancia ni cinturones de seguridad y en el que nuestro gran pasatiempo era jugar en la calle. Crecimos viendo el nacimiento de internet (y la burbuja .com), los videoclips de la MTV, los primeros videojuegos e hicimos de la educación nuestra bandera buscando ser auténticos JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados, ¿lo recuerdan?). Ahora, ya maduros, no solo seguimos adaptándonos a todos los retos que se nos presentan (muchos de ellos digitales) sino que, además, lo hacemos liderando gran parte de nuestras organizaciones y sin perder de vista valores como la igualdad, la meritocracia o la conciliación familiar.

¿Y saben además quiénes somos? Somos aquellos que en 1989 viajamos al presente con Marty McFly y Emmet “Doc” Brown a bordo de su DeLorean, al 21 de octubre de 2015, y que vimos de manera apasionada y clarividente cómo –además del cine en 3D, las videollamadas o la ropa inteligente- nuestras ciudades iban a cambiar radicalmente de la mano de nuevas formas de movilidad.

Y lo cierto es que, sin llegar -de momento- a los coches voladores y a los aeropatines con los que Zemeckis soñaba en la película, en los últimos años nuestras principales urbes han sido tomadas por multitud gadgets eléctricos como seegways, hoverboards, monociclos, triciclos y, por supuesto, por su especial proliferación, patinetes.  Y lo ha hecho además tanto a nivel particular como profesional.

Pues bien, es de esa nueva realidad de las que quiero hablarles. De cómo desde el seguro de responsabilidad civil pueden afrontarse los riesgos asociados a estas emergentes formas de movilidad urbana. Y todo ello con la perspectiva del tiempo de un hijo de la Generación X dado que ¡estamos preparados para ello!.

Y es que el asunto es presente, pasado y futuro; como lo son los seguros de responsabilidad civil en los que ahora (en algunos casos motivados por experiencias del ayer) protegemos nuestro mañana. Es pasado, puesto que quizás podamos encontrar soluciones en la experiencia adquirida y/o productos ya existentes (y en el sentido común que –con desigual suerte- nos acompaña desde tiempos ignotos); es presente, pues debemos responder de los daños que causamos y tristemente terminando este artículo conocemos de la primera muerte en España por atropello de un patinete eléctrico ocurrida hace pocos meses; y es futuro, dado que esto no ha hecho más que comenzar (ayer mismo la UE insistía en su modelo 0 emisiones para 2050) y todos tendremos que aportar nuestro granito de arena al respecto.

Entrando al detalle, lo primero que cabe abordar es si a día de hoy existe obligación de aseguramiento. Y lo cierto es que actualmente estos vehículos no tienen la consideración de “vehículos a motor” a los efectos del seguro obligatorio de circulación; con lo que no les es de aplicación esta normativa ni, por tanto, tienen sus usuarios la obligación de suscribir el seguro correspondiente. La DGT ha anunciado cambios al respecto tras el fallecimiento al que hacía referencia previamente, pero lo cierto es que aún no hay fecha prevista para que entren en vigor y formalmente solo tenemos una instrucción (16/V-124 de noviembre de 2016) en la que la DGT reconocía que estos vehículos “generan situaciones de riesgo al compartir el espacio urbano con el resto de usuarios” pero que a la vez “rompen la tradicional división peatón/vehículo de motor”, siendo imposibles incluirlo en ninguno de estas catalogaciones y apuntando a una regulación propia que garantice la seguridad vial.

Tampoco existe una regulación homogénea por parte de los ayuntamientos, que parecen ser los candidatos ideales para hacerlo, y únicamente encontramos incipientes intentos por controlar el fenómeno en grandes ciudades como Barcelona, Madrid o Valencia; que no obstante se centran en clasificar los distintos vehículos y delimitar su uso en los espacios públicos. Solo en Barcelona se apunta a la obligatoriedad del seguro cuando estos vehículos se dediquen al alquiler.

Descartado por el momento y con carácter general el seguro obligatorio, también anunciado en octubre por el Gobierno, y que según cómo se plantee deberá encauzarse bien por póliza de circulación bien por otra garantía específica (los seguros obligatorios se excluyen generalmente en las pólizas de RC General), debemos centrarnos en las soluciones actualmente disponibles en el mercado de contratación voluntaria (aunque muy recomendable) diferenciando necesariamente, a juicio de quien les habla, entre el uso particular y profesional de estos vehículos.

Comenzando por el uso particular, las pólizas de hogar suelen incluir lo que se conoce como garantía de responsabilidad civil personal o familiar, mediante las que se cubre la RC del asegurado y de las personas que con él conviven por actos de la vida cotidiana, también fuera del hogar, entre los cabría incluir aquellos incidentes derivados del uso a título particular de estos vehículos. En esta misma línea encontraríamos las pólizas de RC de “cabeza de familia” que, ya como producto específico con una definición más clara de los asegurados, vienen a cubrir –normalmente no de manera expresa pero sí por omisión, al no excluirlo explícitamente- estos fenómenos en el marco –insisto- de la vida privada -no profesional-. Esta dupla la completaría, para aquellos que busquen soluciones específicas, nuevos productos ad hoc de reciente comercialización en los que, de manera expresa e individualizada, se da cobertura a esta concreta modalidad de responsabilidad civil añadiendo además otras garantías de Accidentes par su conductor (asistencia sanitaria, indemnización por muerte e invalidez, etc.).

En lo que al uso profesional se refiere, las soluciones deben buscarse dentro de las coberturas propias de la responsabilidad civil de la actividad concreta que se desarrolle, siendo las más habituales las relacionadas con el transporte de mercancías –especialmente de paquetería mediante el uso de triciclos eléctricos- (no en vano la UE apunta a un futuro en el que todos los transportes urbanos de paquetería se realicen por vehículos no contaminantes) o el alquiler a terceros de estos vehículos. También son cada vez más habituales en riesgos relacionados con el sector turístico como los hoteles, en los que se ponen a disposición de los huéspedes (con o sin cobro adicional) estos vehículos.

En el primer caso, empresas de transportes, se rompe el esquema tradicional en el que el daño derivado del accidente del medio de transporte (por ejemplo un atropello) se cubría por seguro específico (y obligatorio) de circulación y pasa a asumirlo la póliza de RC general de la actividad (como ocurre ya con algunos accidentes con carretillas y otra maquinaria); con lo que conviene comunicarlo a la aseguradora con carácter previo a la contratación e incluirlo expresamente. Y, en este sentido, la mejora en la normativa relativa al uso de estos vehículos será de gran ayuda a la hora de dimensionar los riesgos asociados, dado que a diferencia de la maquinaria industrial estos circulan casi totalmente por espacios públicos.

También sería recomendable recogerlo explícitamente en hoteles dado que, por así decirlo, podría entenderse que trasciende de la actividad propia, intrínseca y tradicional de un establecimiento de este tipo; agravando el riesgo.

Finalmente, en lo que se refiere a las empresas de alquiler, en un contexto de clara expansión de cualquier manifestación de naturaleza colaborativa, este seguro debiera abarcar desde posibles responsabilidades relacionadas con las instalaciones propias de la actividad (por ejemplo puestos de anclaje, marquesinas, estaciones de recarga, etc.) a daños derivados de la circulación de los vehículos. Atención, siempre como propietario y arrendador de los mismos (normalmente por el inadecuado mantenimiento de los vehículos). Es decir, no suele incluirse por defecto la garantía de responsabilidad civil derivada exclusivamente de la negligencia de los usuarios, aunque sí es posible su contratación lógicamente con un incremento importante en la prima a abonar e información detallada del riesgo (horarios, rutas, condiciones de contratación, etc.).

En resumen, tenemos herramientas suficientes para abordar este y otros fenómenos novedosos con todas las garantías, tanto tirando del bagaje de nuestro pasado, como mirando al futuro de forma innovadora.

Volviendo al film que da título al presente artículo, en un pasaje Doc. afirmaba que: “¿Carretera? A donde vamos, no necesitaremos carreteras”. Todo apunta a que ese escenario llegará, como ha llegado el actual -que hace no tanto parecía de ciencia ficción-, y para entonces también el mercado asegurador –con la mediación profesional a la cabeza-, estará preparado para seguir aportando soluciones.

Yo solo espera seguir adaptándome y poder escribirles sobre lo que acontezca.

Javier Casells, suscriptor de Responsabilidad Civil

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