Santiago Ibernón | La Navaja de Ockham o ley de la parsimonia: Cuando, en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable

Según la Wikipedia, la navaja de Ockham, también conocido como principio de economía o ley de la parsimonia, es un método filosófico atribuido al fraile franciscano, Guillermo de Ockham (1280-1349), según el cual “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. Esto implica que, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tendrá más probabilidades de ser la correcta que la compleja.

… y – añade mi veterano amigo y corredor de seguros para más inri, durante la primera sobremesa de este otoño, … “– más no necesariamente la única verdadera”.

La cita venía a colación de la observación cualitativa de este que, de un tiempo a esta parte las primas de cartera de los seguros de salud se han incrementado paulatinamente.

– La explicación más sencilla – opina mi mediador de cabecera – no hay que ir a buscarla muy lejos. Si nos fiamos de esa “lex parsimoniae”, la respuesta más sencilla es que las primas suben porque también se ha incrementado la demanda de estos seguros por parte de los clientes. A mayor demanda, el precio aumenta ¡Es de primero de marketing! La ley de la oferta y demanda de James Steuart Denham – exclama, dando un sonoro palmetazo en mi brazo, que me hace ingerir el cortado como si fuera un Schnapps.

– Pero, y ¿por qué se ha incrementado la demanda de seguros de salud–  le interrogo para no ponérselo tan fácil, mientras aprovecho para hacer desaparecer la última porción de tiramisú que queda en la mesa.

– Pues volvamos a Ockham -me responde-. El incremento de la demanda se debe a que la pandemia del coronavirus ha puesto de relevancia nuestra salud individual y familiar como el bien más frágil y preciado que tenemos. Algo que era ya de por si obvio pero que se da por descontado demasiadas veces, especialmente cuando vamos sobrados. Los consumidores han tomado mayor conciencia, si cabe, que invertir unos euros al mes en una póliza de salud es más conveniente que destinarlos a unas vacaciones, un coche nuevo o a renovar el fondo de armario.

La crisis sanitaria que estamos sufriendo actualmente remonta sus antecedentes más semejantes a 1918, durante la “gripe española”. En sólo un año, se estima que mató entre 20 y 40 millones de personas en el mundo. Cuando este bien más preciado está claramente en peligro, tratas de protegerlo al precio que sea o hasta el precio que puedes permitirte. Y por eso las aseguradoras habéis subido las primas – dictamina malignamente el bróker.

La voz de mi conciencia me grita al oído. – ¡No, no es eso! o al menos ¡No debería ser solamente por eso! ¡El fraile se equivoca un poco en este caso! La respuesta más sencilla no es probablemente la única verdadera.

– Claro, claro. – Me contesta socarronamente-. Pues no será ¿Y por qué crees tú entonces que suben las primas?

– También las aseguradoras asumen ahora más riesgo. Tanto por las consecuencias directas de la pandemia – la mayoría hemos ofrecido prestaciones y servicios de atención especial a sus asegurados, consultas gratuitas y pruebas diagnósticas – como por las secuelas que de esta se derivan y se derivarán. Cuanta más frecuencia de siniestros más costes. Debemos mutualizarlos ajustando las primas a los clientes presentes y futuros, es uno de los principios básicos del seguro para continuar en el mercado.

– ¿Entonces, las primas de las pólizas de salud suben porque incrementa la demanda y los costes de las aseguradoras? ¿Eso es todo?

Para nada es todo. Hay un tercer factor y hasta un cuarto y un quinto que nos llevan a la tormenta perfecta.

La concentración de centros hospitalarios en menos manos comporta que la capacidad de negociación con las aseguradoras sea más comprometida y su margen se reduce. Los grupos hospitalarios privados que lideran el ranking tienen cada vez más repercusión dentro del mapa sanitario. La única manera de substraerse del endurecimiento de sus tarifas es la creación de centros propios, y esto no es tan fácil de hacer como de decir.

Finalmente, la guinda la pone el cambio de hábitos del consumidor. La prevención de la salud se ha disparado, lo cual, unido al envejecimiento de la población ratifica la afirmación inicial. Las primas de los seguros de salud continuarán incrementándose cuanto mayor edad tenga el cliente, en aquellas pólizas que no tengan la prima nivelada.

–¿Hasta cuándo? – pregunta mi referente senior de la mediación tradicional, dando a entender que ya no está tan seguro que la explicación más sencilla suela ser la más probable.

Es posible que, si las funestas previsiones económicas acaban cumpliéndose durante 2020 y 2021, la población deba renunciar por fuerza mayor a la contratación una póliza de salud. Eso será así a menos que las entidades ajusten los costes internos y externos para equiparar las primas a la capacidad de compra del mercado. Y esto pasa por la digitalización de todos los servicios que sea posible digitalizar, la telemedicina, la innovación y la reingeniería de procesos.

En conclusión, la asistencia sanitaria ha de adaptarse al nuevo entorno. Solamente si todos los actores implicados, es decir, las compañías, los centros hospitalarios, los médicos y los mediadores reenfocan sus diferentes ámbitos a la digitalización de sus servicios, innovación en productos especializados y reingeniería de procesos de negocio, se evitará la temida brecha sanitaria. 

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