José Luis Latorre | ‘Tech, Tech, Insurtech’

Soy de la generación del baby boom. Cuando yo era niño, mi padre —un apasionado por la tecnología y un precursor en la informatización de la aseguradora en la que prestó sus servicios durante más de 43 años— me regaló un Amstrad con pantalla verde que tenía menos memoria que mis auriculares inalámbricos actuales. Jugaba a tenis en pantalla negra en el televisor con dos cursores y un mando con flechas arriba y abajo.

Mi padre impuso en la aseguradora el sistema de informatización basado en tarjetas microperforadas y se informatizó toda la compañía con IBM. Un sistema sofisticadísimo hacía que las fichas pasaran a gran velocidad por delante de mis ojos. Todo ello me maravillaba cuando, con menos de diez años, corría por su oficina. ¡La de árboles que se talaron! Porque, además, las carteras se generaban con recibos físicos que se tenían que distribuir entre las distintas oficinas del territorio.

Luego, llegó la gran revolución, las microfichas, que funcionaban por transparencias (no confundir con saltos de cama ni nada similar). Cuando empecé a trabajar en una aseguradora, mi trabajo era recibir las llamadas de otras aseguradoras que buscaban matrículas aseguradas para partes que o bien se habían tomado los datos incorrectamente o bien según testimonios. Atendía a las compañías de defensa jurídica habitualmente: CAP, DEPSA, DAS… y cada día recibíamos las fichas con miles de matrículas, ordenadas por letra, numeración… Yo creo que después de meses de práctica, conseguía dar datos de existencia o inexistencia de seguro al ritmo de 20 vehículos a la hora, colgado al teléfono con mi interlocutor. Un gran avance, sin duda, que permitía localizar 200 vehículos al día.

Nunca me ha interesado la tecnología demasiado. Creo que dejarme los ojos en una tecnología tan primaria me dejó marca. Soy malo con la informática, aunque reconozco que es una gran herramienta. Y llegan los de la Generación Z, que no creo que sea la última, y probablemente, como mis matriculas, a partir de ahora empezarán con las combinaciones, AB, AC, AD… y crean lo que se ha venido a llamar las insurtech (¡qué manía con poner acrónimos en inglés, para que parezca que funcionan mejor o son más buenos!). Pero, bueno, compro, insurtech o insurtech´s… pero no todo son insurtech por mucho que se publiquen como tal. Al paso que vamos, a conectar el WhatsApp a la página web de una aseguradora se le llamará insurtech. Con todo el respeto que me produce la tecnología, de la que soy un gran desconocedor, una empresa que desarrolla un programa de gestión desde hace más de 20 años, una correduría que vende por internet, unos comparadores que llevan más tiros recibidos que la casa de un bosnio o una correduría que su crecimiento se basa en la integración de carteras, de insurtech, insurtech, tienen poco.

Y salvo que alguien me abra los ojos y me ilumine, si todos los que salen en el 2º mapa del insurtech del sector asegurador —titular un poco reiterativo, ya que solo faltaría que alguien creara una insurtech no aseguradora— son insurtech, mi fallecido padre fue uno de fundadores del ecosistema insurtech en España.

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