José Luis Latorre | ‘Sisar o no sisar, ésa es la cuestión’

El español es una de las lenguas de la tierra más ricas en vocablos y uno de los idiomas que más personas hablan en el mundo.

En español, robar tiene seis veces más acepciones que honradez.

Hoy 15 de enero, a las 19:35 horas, en que me he sentado a escribir estas líneas, el Gobierno holandés en bloque ha dimitido. El motivo es lo de menos. Algo impensable en nuestro país, en el que la conjugación del verbo dimitir solo la aprendimos en parte. No hemos conseguido memorizar ni sabemos conjugar las primeras personas del presente de indicativo, pretérito perfecto simple o compuesto, y en cambio nos sabemos de memoria y lanzamos sin dudar las segundas y terceras personas de todos los tiempos del citado verbo.

Espero que a estas alturas los que escriben con la 'k' o la 'x' de 'ktepasa' o 'xq' se hayan perdido y estén jugando con su móvil, a ellos yo les digo 'dsknsa  🚶‍♀️'.

Con una justicia, ya de por sí lenta, que tiene que invertir recursos a una corrupción creciente (según el propio informe de la Fiscalía General del Estado cada vez están más cerca de los 700 casos anuales), y con los políticos de diferente signo político protagonizando las más diversas corruptelas y detrayendo fondos del erario (el coste de la corrupción política, dependiendo del informe, se sitúa entre los 40.000 y los 126.000 millones anuales) lo cierto es que vemos pocas dimisiones.

Mientras tanto, la sociedad española ha tenido que ver cómo héroes se han convertido en poco tiempo en villanos. Presidentes de bancos, políticos, cantantes, deportistas y todo tipo de personajes. Un amigo me dijo una vez que a España le faltó una guillotina como en la revolución francesa. No le falta razón en el fondo, pero creo que es un poco exagerado y bastante desagradable.

Pero vamos a lo que vamos. Tenemos acepciones del verbo ‘robar’ que van desde lo más sutil y delicado, casi hermoso, como ‘hurtar’ o ‘sisar’, a las más duras, como ‘atracar’. En este caso, como en todos, el principio de la proporcionalidad depende del color del cristal con que se mire. Lo que para los más comunes de los mortales puede ser un atraco a mano armada, para algunos personajes solo es sisar o hurtar. Nos puede parecer poco o mucho sisar 1,2 o 2 millones de euros con tarjetas opacas o ser un conseguidor de contratos con algún desvío de decenas de millones en comisiones (aquí, la vendetta procede de un desamor).

En los tiempos que trabajaba en compañía aseguradora siempre teníamos problemas de dinero con empleados en las plazas en las que el sexo o la noche era una de sus principales industrias. Es ya un clásico que estas situaciones (desfalcos, etc.) lleven aparejadas vicio, juego, alcohol, drogas, sexo… Consideramos normal que un directivo invite a cenar a su novia o amante con la tarjeta de la empresa. El problema viene cuando el/la amante lo cuelga en redes sociales, cenando en buena compañía. Consideramos normal que el consejero delegado de una aseguradora invite a sus amigos al famoso viaje de formación de mediadores con cargo a la compañía (evidentemente los invitados viajan en primera). Consideramos normal que un director general compre la comida del fin de semana en una conocida tienda de ‘delicatessen’ con cargo a la tarjeta de la empresa y nadie diga nada… Bueno, en este caso le despidieron, pero no por eso.

En fin, consideramos normal tantas chorizadas y mangorrinadas que, luego, a alguien se le escapa el tema de las manos y se hace con dos millones y saltamos al unísono diciendo cómo ha podido pasar, que algo así no se puede entender y que cómo es posible que esas cosas no se vigilen.

Hace años que tengo un sometimiento a leyes británicas y españolas desde un punto de vista profesional. Siempre recordaré el caso en un director de oficina de una aseguradora pillado por generar siniestros falsos que curiosamente siempre se abonaban en la misma cuenta corriente (se ha de ser tonto). A los 15 días fue fichado por otra entidad como director general. En el mercado asegurador británico, eso hace que nadie te reciba ni quiera tomar un café contigo por la posibilidad del riesgo reputacional.

Vamos avanzando gracias a la mano dura de la fiscalía y la mentalización de las generaciones que se incorporan al mercado de trabajo. Estamos luchando duro. Los datos de la ONG Transparencia Internacional indican que España desde el año 2012 hasta la actualidad no ha conseguido avanzar ningún puesto en el ranking de percepción de la corrupción y seguimos anclados en el puesto 30 de 180, con un índice de 60 de 100, donde Venezuela tiene 19 puntos y los países líderes del ‘ranking’ de transparencia tienen 90.  Alguien puede decir que no estamos tan mal, pero es que detrás tenemos a países como China, Rusia, Venezuela o Somalia mientras que por delante están los que de verdad debemos mirar, estados como Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelanda, Alemania o Francia.

Tenemos que avanzar mucho como sociedad para que, de una vez por todas, la corrupción, el soborno, el siseo o similares sean borrados del diccionario de la RAE.

Y una forma de hacerlo es que cada uno de nosotros, en el día a día, actuemos escrupulosamente en nuestras actividades diarias y seamos capaces de rajarnos las vestiduras por 82 millones pero también por 20 euros.

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