José Luis Latorre | ‘En mal reino, leyes muchas, y no se cumpla ninguna’

Las leyes son semejantes a las telas de araña…; detienen a lo débil y ligero y son deshechas por lo fuerte y poderoso”. La frase no es mía. Es del jurista y político griego Solón.

El día antes de ponerme a escribir estas líneas, un amigo me preguntaba sobre a qué iba a dedicar la próxima tribuna y le dije que no lo sabía. El artículo lo empiezo a pensar el viernes mirando lo que ha pasado la semana anterior. Siempre hay temas y siempre hay alguien que, con sus manifestaciones o actos, me ayuda a encontrar algo con lo que ‘opinarme’ por acción o por omisión. Me gustaría recalcar que me gustaría que nadie se sintiese atacado, ya que ese no es mi objetivo y sí lo es lanzar reflexiones para, entre todos, mejorar. Por tanto, nunca viene mal recordarlo, acepto que se me corrijan mis opiniones en público o en privado.

Dicho esto, esta semana, siguiendo un evento de unos buenos amigos al que no pude asistir personalmente, me ha sorprendido unas manifestaciones que se hicieron y que el organismo lanzó en forma de nota de prensa.

Realmente es necesario regular por ley que el contrato que firman (o deberían firmar) las dos partes del contrato tenga que ser devuelta para dar fe de la aceptación de las cláusulas limitativas. ¿Alguien se imagina a un administrador de fincas que no recogiera la firma de un contrato de arrendamiento? ¿A un abogado que no recogiera la firma de un acuerdo extrajudicial? ¿Y a un agente de cambio y bolsa que, actuando de fedatario público, no recogiera la firma de una de las partes del contrato?

Si la profesión de mediador, ya sea agente o corredor, quiere abandonar el estigma de “vendedor de seguros” y pasar a ser mayor de edad, valorando su actividad como profesional o profesional independiente en el segundo caso, debe de actuar como tal. La contratación de un seguro por parte de un tomador intervenido por un agente o corredor debe de finalizar con la perfección del citado contrato y eso se realiza con el cobro de la prima y la firma del contrato. He oído demasiadas veces, a corredores básicamente, que no envían los ejemplares ‘A Devolver’ firmados para así dejar en inferioridad de condiciones a la aseguradora, ya que, con un mal entendido deber de protección al cliente, así no les pueden pillar. Desde mi punto de vista esta forma de trabajar podría ser una autoprotección para estos “profesionales” en caso de haber cometido un error: si me he equivocado en el asesoramiento, igual con no tener la aceptación de las exclusiones por parte del tomador… Tampoco se hace un buen trabajo enviando el contrato por pdf, el recibo al banco y ya se acabó, chimpún.

Tengo que indicar que personalmente me harté hace tiempo de andar detrás del mediador para conseguir el contrato firmado, y más en riesgos temporales de un día o de días. Es una auténtica misión imposible. No obstante, debo indicar que esta situación la solucioné hace muchos años, y en el momento de la ocurrencia de una reclamación y sin posicionarme, relaciono toda la documentación precisa para la tramitación del siniestro, y ahí se incluye el contrato de seguro firmado por el tomador, ya que solo el pago del seguro no acredita la aceptación; asimismo, todas las cláusulas limitativas o las exclusiones del contrato están destacadas en negrita y creo que estas prácticas son comunes en la mayoría de las aseguradoras o al menos las que yo conozco.

Quizás lo que sí deberíamos es volver a los contratos como se hacían en los años 80, cuando yo, con 20 años, empecé a trabajar en una correduría. Entonces, firmaban tres partes, el asegurador, el tomador y el corredor o agente libre en calidad de fedatario, y ahí sí nos mojábamos y dábamos fe de la firma de ese contrato y el asesoramiento facilitado con nuestra intervención.

Por último, abundaré en mi opinión de que no es necesario regular por ley algo que la tecnología nos traerá en poco tiempo. Actualmente muchas aseguradoras envían los contratos en formato digital y deben firmarse con firma electrónica. Esto ha venido para quedarse e imprimir los contratos para firmarlos con pluma estilográfica será pronto historia, de ahí a que la toma de efecto del contrato sea en el momento de la firma electrónica y validez de un año. Es simplemente cuestión de tiempo y poco, presumo. La tecnología actualmente permite emitir el contrato y no dar validez ni efecto hasta el momento de la firma tomado en día, hora, minutos y segundos, y así también el apunte bancario o pago con medios electrónicos.

Dejemos al legislador trabajar en cosas más importantes y urgentes para la mediación y el sector asegurador, y azucémosle para que lo hagan rápido.

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