José Luis Latorre | ‘Cuando la luz se apaga, se encienden las antorchas’

Estamos inmersos en la crisis sanitaria y posiblemente económica más importante de la historia moderna y, pese a que los mensajes del Gobierno de la nación son de triunfalismo, existen más oscuros que claros, lo que no deja de ser adecuado en un momento en el que la luz está marcando precios históricos.

La situación, por definirlo con suavidad, es claramente inestable e imprevisible. No podemos dejarnos llevar por una sensación de salir a la calle y ver una cierta normalidad porque las nuevas variantes pueden llegar por diversos canales y no debemos perder de vista que los países del denominado “tercer mundo” ―denominación que personalmente me parece como mínimo insultante― tienen unos índices insignificantes de vacunación y eso hace que el virus circule libremente y provoque nuevas variantes, que de momento las vacunas van controlando. Tengan en cuenta que los únicos países que superan el 50% de la población vacunada son la mayoría de los países europeos; Estados Unidos y Canadá; en Sudamérica, Uruguay y Chile; en Asia, China y Mongolia, y tenemos a nuestros vecinos africanos, con algunas excepciones como Marruecos (con algo más del 40% de la población vacunada) y Túnez (el 18,2%), sin superar el 10%, aunque muchos no lleguen al 1%. Ello hace que la situación siga siendo muy preocupante a casi dos años del primer caso identificado de esta pandemia.

Fruto en parte de esta pandemia, el sector asegurador se ha beneficiado con el crecimiento del seguro médico de un 4,4% en 2020 y en torno a un 5,5% este año, lo que hace que actualmente un 25% de la población está protegida por una póliza para acceder a la sanidad privada. De esta forma, el seguro aporta ya el 6% del PIB, subiendo dos puntos en estos meses pandémicos, probablemente por la caída del resto de sectores en este tiempo. Desde mi punto de vista, el crecimiento de los seguros médicos se debe a la falta de confianza al sistema sanitario público, pudiendo ser, probablemente por la privatización oficial o encubierta que se está haciendo en algunos territorios por parte de sus gobiernos autonómicos, esto que no hace sino reforzar mi opinión de que la política es un trampolín para los mediocres, lo que haría que entendiese mucho más por qué determinados políticos que no han sido encausados en casos de corrupción, acaban en los consejos de administración de las empresas eléctricas.

Y hablando de las eléctricas y de consejos de administración, resulta curioso que algunas patronales empresariales se pongan las manos en la cabeza cuando se propone un incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de entre 15 y 19 euros mensuales que afectaría a solo un 8% de las personas ocupadas en España. Esta cantidad se traduciría en una subida de entre un 1,57% y un 2%, cuando el IPC ha crecido un 0,4% este mes de agosto situando la tasa interanual del 3,3%, en parte gracias al incremento del precio de la electricidad en los mercados mayoristas. Y yo me pregunto si las mismas asociaciones patronales que se oponen a la subida del SMI lo hacen con igual firmeza a los aumentos de los precios de la electricidad, que eso sí afecta a la totalidad de las familias y empresas sean del tamaño que sean, y eso sí que no ayuda a que podamos recorrer la senda de la recuperación y  agrava la actual crisis económica. No olvidemos que cuando se apaga la luz, muchas veces se encienden las antorchas.

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