José Luis Latorre | ‘Honor y Gloria y la moralidad de la banca’

Esta semana, Mutua de Propietarios me distinguió por segundo año consecutivo como perfil influyente para la mediación aseguradora. En ningún caso puedo pensar que esta distinción me pertenece, ya que coincide en el tiempo con esta tribuna que tengo el honor de escribir. Por tanto, el mérito es compartido con este medio de comunicación y, por supuesto, con vosotros, lectores, que durante más de un año habéis tenido la paciencia para ver cómo me opinaba encima.

Esta distinción, procedente sin duda de mis artículos de opinión — y que para mí no son un trabajo, aunque me ocupen tiempo—, hace que me ilusione, aunque en ellos transmita las vergüenzas y bondades de este sector y de la sociedad que veo día a día.

No obstante, quiero hacer una reflexión con respecto a la mediación, una vez comentado que para mí es un honor que los mediadores de la red me consideren un referente. Mi observación es que no deja de ser preocupante que sea referente un avatar de un bocadillo de morcilla con gafas de sol. Desconozco si es por el bocadillo, por las gafas de sol para no ver según qué o por la morcilla… Del resto de compañeros distinguidos, todos absolutamente todos se merecen estar en el top 10 de los mediadores.

Esta semana, el mismo día de la distinción, se produjo una noticia de la que estoy convencido que cualquiera de los distinguidos firmaría su renuncia a estar en ese lugar destacado con tal de que no se volviese a producir. Fue la condena a un banco por no activar el seguro de Vida tras la muerte del titular de una hipoteca. Entiendo que cualquiera de los lectores opine que esta actuación bancaria tampoco es que sea una novedad, sin embargo, para mí lo realmente destacable no es la condena, sino el texto de la sentencia por parte del tribunal que dice literalmente:

«(…) una vez producido el siniestro (muerte), la buena fe y el respeto a la moral determinan que resulte jurídicamente exigible que el banco reclame a la aseguradora y no que decida seguir exigiendo el pago del capital pendiente a los prestatarios asegurados”.

Insisto, lo destacable es la lectura de que el banco no actuó de buena fe y con respeto a la moral, según la sentencia, y eso me parece que es una buena noticia: una condena que, por fin, entre en la ética bancaria. Todos conocemos actitudes bancarias sin moral ni buena fe, pero que yo sea conocedor es la primera vez que esta se manifiesta en una sentencia o al menos que tiene la publicidad de esta sentencia, la semana próxima seguiremos con esta sentencia y alguna cosa más, ya que en alguna ocasión he dicho que el significado de S.A. es Sin Alma y también he manifestado que la frase no es mía.

 Lo que me preocupa de verdad es leer tuits como este:

Y hablando de moralidad. No quiero despedirme sin aprovechar esta tribuna para recordar a Mutua de Propietarios que estoy esperando el abono del premio en metálico en mi cuenta de Andorra. La de siempre, ya saben. 

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