José Luis Latorre | Dinastía

Éste era el título de una famosa serie de los 80. Los que nacieron después de las Olimpiadas o la Expo del 92, supongo que estarán a por uvas (aunque me dicen por el pinganillo que ha habido un reciente intento fallido que no llegó ni a acercarse al impacto de la original).

“Mi padre me dio el mayor regalo que alguien podía darme: él creyó en mí”

Jim Valvano

Todos conocemos dinastías: dinastías reales, dinastías políticas, dinastías profesionales. Yo pertenezco a una de estas últimas. Soy tercera generación y orgulloso de ello. Recibí de mi padre cariño y todos sus conocimientos.

La mediación en el sector asegurador es un sector nutrido de microempresas o miniempresas. Las corredurías nacionales grandes son fruto, en su gran parte, de iniciativas profesionales que en un momento fueron personales. La segunda generación se pone al frente del negocio -en su mayoría son los hijos, aunque tenemos buenos ejemplos de sobrinos-, en búsqueda de crecimiento, vía adquisición, integración, especialización, etc.,

Lo habitual es que la segunda generación esté más preparada que la primera, desde un punto de vista de formación, aunque esto no es ninguna garantía y algunas segundas o terceras generaciones fracasan. Es lo que tan bien explican dos frases muy conocidas: “el padre la crea, el hijo la mantiene, el nieto la cierra” y “padre trabajador, hijo vividor, nieto mendigo”.

No es extraño, por tanto, que una de las cuestiones que siempre preocupa a la empresa familiar, también en la mediación, es la sucesión generacional. De esta forma, el Instituto de Empresa Familiar, un lobby empresarial que aglutina a empresas familiares de distintos tamaños y diversos sectores de actividad, mantiene como una de sus principales actividades el asesoramiento a las empresas socias sobre el relevo generacional, que, todo hay que decirlo, en general, se realiza sin mayores problemas.

“Un hombre que no pasa tiempo con su familia no puede ser un hombre de verdad”.

Vito Corleone “El Padrino” (una empresa familiar diferente)

Han existido y existen sagas en aseguradoras y especialmente en la mediación. Actualmente, parece que en algunas compañías se persigue a las sagas. De hecho, hay aseguradoras que no ven con buenos ojos las relaciones entre empleados y los departamentos de personal ponen reparos a la incorporación de familiares, como si tener un apellido fuera per se un problema.

Personalmente, durante algunos años, aunque sentía el orgullo de mi padre y de mi abuelo, escondía mi apellido para evitar que dijeran “el hijo del Sr. …” ya que, en la mayoría de los casos, pertenecer a una saga no significa que nadie nos haya regalado nada, más bien al contrario: no hay nada más intenso que el marcaje profesional de un padre que, además de progenitor, se convierte en el más exigente de los mentores.

Hace unos días nació una preciosa niña llamada Berta, fruto del amor de María y Román. Ella, junto a su hermano Guillem, hará que la excelente labor profesional de sus padres sea superada por los dos hermanos. A los cuatro, mi felicitación y el siguiente deseo:

“Que lo que el Seguro ha unido, no lo separe otros sectores”

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