José Luis Latorre | ‘Despejando X’

Recuerdo esta expresión como si fuese ayer en mis clases de matemáticas. Aquellas en las que nunca destaqué especialmente, salvo ese año en el que hubo un profesor que hizo que, cuando la decía, me lanzase a despejar la X. Algún día hablaré de la educación de este país, en la que las leyes que la regulan se cuentan por decenas, pero hoy no es el tema de mi artículo de opinión.

Somos diferentes, somos complementarios. Nos queremos, nos amamos, nos odiamos. De niños, hay un momento en el que las niñas o los niños no quieren jugar con el sexo contrario, son tontas o tontos; más tarde la tontería se adueña de nosotros cuando se acercan a nosotros/as y en fase adulta nos pasa más o menos igual, solo que no lo expresamos de la misma forma. El enamoramiento, en cualquier edad, es la tontería adolescente elevada a la enésima potencia. Las endorfinas y las oxitocinas trabajan a destajo haciéndonos estar en una nube. Por suerte, el enamoramiento es corto, ya que no es posible vivir en ese estado, y se pasa a la fase del amor, más tranquilo, más adulto, no tan adolescente.

Siempre me ha intrigado una realidad indiscutible: las mujeres viven por regla general más que los hombres. No abundaré con los chistes machistas de los 70 que todos conocemos, pero sí recuerdo que desde pequeño oía, también se lo decía mi padre a mi madre —y en su caso se cumplió—, que hay más viudas que viudos, algo que, por cierto, los actuarios tienen estimado en sus cálculos estadísticos. Y digo que me ha intrigado porque la mujer gesta y pare, y eso es un impacto grande en cualquier cuerpo que como mínimo genera un fuerte desgaste. Lo que quizás no he contemplado, por desconocimiento, son los efectos placenteros que puede tener en ellas la gestación y el parto, pero ese no es el dato importante.

En España, según los datos provisionales (ya sabemos que los actuarios precisan su tiempo para tener estadísticas) la esperanza de vida ha pasado de 75,4 a 80,9 en los hombres y de 82,3 a 86,2 en las mujeres. Es decir, que los hombres vamos recuperando terreno a las mujeres. No quiero aburrir con datos por lo que quien quiera puede mirar lo que tiene publicado el INE al respecto.

Vamos al objeto de mi artículo: la pandemia ha hecho perder 1,6 años de esperanza de vida a todos los españoles. Este dato no es nuevo, ya que los actuarios pronosticaban hace aproximadamente un año esta situación, pero, pese a esperado, hay que recordar que no se registraba una caída similar de más de un año desde la Guerra Civil.

Además, España es el país que más cae de la UE, lo que estaría vinculado, según las hipótesis de los expertos, al efecto devastador de la masacre en los geriátricos, donde el virus causó estragos. Siguiendo esta misma hipótesis, si el virus hubiese afectado a todos los estratos de edad por igual, la esperanza de vida hubiese retrocedido casi cinco años.

Claro, que otros expertos indican que la caída se debe a que en España la esperanza de vida estaba por encima de la realidad. En 2016, era la tercera del mundo por detrás de Japón y Suiza; actualmente estamos más o menos igual que los países de nuestro entorno. En la primera ola, en los países del norte de Europa el virus quedó más contenido que en los países del sur de Europa, lo que podría dar explicación a esta situación. No deja de sorprender que en toda Europa decaiga en mayor o menor medida la esperanza de vida, salvo en Noruega, Finlandia y Dinamarca donde no solamente no cae sino que sube levemente.

Los datos publicados por Eurostat han sido interpretados por expertos como estacionales y coyunturales. Mis preguntas son: ¿estamos seguros de esta afirmación? El clima y otras variables, ¿no harán que este y otros virus se encuentren con más presencia en nuestras vidas? El que en unos años en España tengamos un clima africano, ¿no hará que virus que pensábamos erradicados vuelvan a surgir? ¿Los actuarios han previsto esto? ¿Lo están teniendo en consideración? ¿Debería de reaccionar el sector si quiere mantener su estabilidad en solvencia? Las tablas publicadas por la DGSFP en diciembre del año pasado ¿pueden ser obsoletas ya?

Mientras tanto propongo un trueque a las afortunadas poseedoras de las dos X: ¿nos repartimos la esperanza de vida? A cambio de recortar la brecha salarial, ayudar a romper el techo de cristal, repartirnos el trabajo doméstico y tener una mayor conciliación familiar los dos sexos… Ah, ¿que eso ya existe? ¿Que se llama países nórdicos? Y curiosamente ellos crecen en esperanza de vida cuando nosotros decaemos…

Bueno, pues tendremos que seguir trabajando para despejar la X, cuando XX es mejor que XY.

MÁS NOTICIAS

Suscríbete a nuestra newsletter

Suscríbete a nuestra newsletter