José Luis Latorre | Si, quiero

En mi empresa hacemos seguros de eventos privados, como bodas, bautizos, etc. Cubrimos la cancelación de estos eventos por diversos motivos, pero es cierto que en nuestro día a día no nos solemos detener a pensar en lo intangible que hay detrás de un evento de este tipo: ilusiones, alegrías, tristezas, ahorro y sacrificio.

Inmersos en la vorágine profesional a veces no reparamos en lo que nuestro trabajo significa: detrás de cualquier reclamación existe una pérdida, la de un ser querido, tras una enfermedad o un accidente. Durante muchos años he asistido a escenas duras, personas que han perdido a sus hijos o maridos, a un sinfín de desgracias, y para eso estamos. Esto es parte de nuestro trabajo. Los siniestros deben atenderse mejor si cabe que cualquier contratación, ya que son la propia esencia del seguro. Sin siniestros no hay seguros.

“Los siniestros deben atenderse mejor si cabe que cualquier contratación, ya que son la propia esencia del seguro. Sin siniestros no hay seguros.”

Una de mis frases favoritas a los clientes para intentar que hagan un seguro adecuadamente es: “No tire el dinero; si quiere hacerlo, invite a cenar a la aseguradora, pero nunca haga un seguro mal hecho porque se arrepentirá”. Pese a ello, algunos clientes se empeñan en tener problemas, haciéndolo mal.

Pensadlo, pensad cuando os encontréis delante de una reclamación por un seguro de vida, por una intervención quirúrgica o un incendio en una casa. Detrás hay penas, angustias y tristeza, y estoy convencido de que tramitándolo seréis más eficaces, ágiles y atentos ante la persona perjudicada o beneficiaria.

“Detrás de una reclamación por un siniestro hay penas, angustias y tristeza, y estoy convencido de que tramitándolo seréis más eficaces, ágiles y atentos ante la persona perjudicada o beneficiaria”

No somos ningún Robin Hood ni lo pretendemos ser. Esto es un negocio o lo debe ser. No obstante, jamás debemos perder el aspecto humano de nuestra actividad y pensar de una forma u otra que el seguro es una forma de mutualizar las pérdidas de alguien, y como tal, hacemos un bien común. Hace unos días una buena amiga contrajo matrimonio con su pareja de más de 20 años, los dos periodistas. PERIODISTAS, con mayúsculas, del sector financiero y cultural respectivamente; dos grandes personas que decidieron formalizar una relación que hacía años estaba formalizada. No hubo ninguna reclamación, salvo la del personal de la limpieza del juzgado al barrer el arroz. También a veces vivimos de cerca la alegría de un hecho, la ilusión de un acto y la esperanza de una mirada.

Un ¡¡¡sí, quiero!!! que hizo retumbar los cimientos de la sala y que aún ahora las buenas gentes de Caspueñas  aún están celebrando.

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