José Luis Latorre | Con una, dos, tres o con cuatro ruedas, encima de ellos más cerebro, que prisa

Hace unos días, conduciendo de noche por una autopista al límite de la velocidad permitida, adelanté a un vehículo más lento y no tardé ni un minuto en tener pegado a mi “culo” un vehículo de alta cilindrada haciéndome señales con las luces para que me apartara. Salvo dar una voltereta hacía atrás con el coche, tenía pocas posibilidades: a mi derecha, un vehículo; a mi izquierda, el guardarraíl; detrás, un presunto “asesino en potencia”, y por delante, la autopista y la noche… Inquietante escena. En cuanto pude, me puse a la derecha y el descerebrado me adelantó con cara de satisfacción porque podía poner en riesgo su vida y la de los demás y porque me había quitado de en medio.

Una vez vi un ciclista “urbanita” detenerse en un semáforo en rojo, me acerqué y le había dado un calambre en una pierna.

Todos conocemos casos de muertos en la carretera, yo he sufrido la pérdida de amigos y conocidos y aún recuerdo el impacto que me causó.

El Gobierno de España ha dado luz verde al anteproyecto de Ley que reforma el texto refundido de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial en todo lo relacionado con el permiso y la licencia de conducción por puntos. Asimismo, ha aprobado dos Reales Decretos por los que se modifica, por un lado, tanto el Reglamento General Circulación como el Reglamento General de Vehículos y, por el otro, el Reglamento General de Conductores, el cambio normativo entrará en vigor el próximo 2 de enero del próximo año y tres cosas me han gustado especialmente.

La primera: se castiga especialmente el uso del móvil u otros dispositivos electrónicos, incluyendo navegadores (seré honrado y diré que yo he manipulado el móvil y el navegador, en más de una ocasión), aunque desde que tengo el modo No Molestar estoy conduciendo, estoy encantado y no utilizo el móvil para nada.

La segunda: viajar sin utilizar adecuadamente el casco, cinturón de seguridad… ¿Quién no ha visto motoristas con el casco colocado de chichonera? Y lo dice un motero. ¿Y quién no conoce a alguien que se coloca el cinturón de seguridad anclado a la hebilla del cinturón de su pantalón? Que si tiene un accidente, además de poner en riesgo su vida, pone en riesgo quedarse en paños menores.

Y la tercera: la reducción de la velocidad máxima en la ciudad y los vehículos de movilidad personal. Soy conductor de moto y coche y durante muchos años con las retenciones de la ciudad he conducido con promedios de 18 km/h. En Barcelona, mi ciudad, ya hace unos meses que se están suprimiendo carriles y limitando las velocidades a 30 incluso a 20 km/h. La diferencia en recorrer de punta a punta por la Diagonal de 50 a 30 son 16 minutos, en el supuesto que se pueda mantener esa velocidad constante, cosa absolutamente imposible, por lo que me parece sensato, ya que en la práctica debería dificultar más que en determinadas vías de la ciudad puedan circular vehículos como si estuviera en una competición de Fórmula I. Y eso lo uno a los VMP. Llevamos tiempo en las ciudades sufriendo este tipo de vehículos. Perdón, rectifico, los vehículos no tienen culpa, a los usuarios de esos vehículos, quienes, armados con cascos y elementos de protección, se enfrentan a peatones desvalidos.

La calle en la que vivo tiene limitada la velocidad a 30 km/h hace tiempo pero estos vehículos, por el carril bici o por la acera, dejaban a los coches a dos vueltas de la meta en menos de dos “manzanas” del Eixample –más o menos 220 metros–, marcando velocidades de auténtico vértigo para vehículos tan poco estables, tanto por sus ruedas como por sus estructuras, ni respetando los semáforos –que para ellos deben ser una variedad del juego del parchís a falta del color azul–. Y, todo ello, por supuesto sin manera de poderles identificar, más allá de “individuo con chaqueta azul, casco negro y cara de velocidad”.

Yo tenía una bicicleta hasta que me la robaron en la playa. Me hubiera gustado comprarme otra o hacerme con un patinete eléctrico en algún momento en el pasado. Incluso utilicé el servicio municipal de bicicletas, pero hasta ahora no ha sido así para evitar que me vinculen con un colectivo que demasiado frecuentemente incumple las reglas que tenemos de convivencia. He visto en vivo una etapa del “Tour de France” en la acera de delante del portal de mi vivienda; patinetes pasando a escasos centímetros de peatones en muchas ocasiones; a mí me han golpeado en más de una ocasión (voy andando en la mayoría de las ocasiones por la ciudad y ando entre una y dos horas al día por lo que tengo más exposición del riesgo de ser arrollado por un VPM que otras personas).

No quiero estigmatizar a ningún vehículo o colectivo. Sería tan injusto como considerar que todos los coches son como el energúmeno que me encontré en la autopista. Lo que sí creo que pasa es que algunos se creen que llevar un vehículo de movilidad personal y poder circular por los carriles bici les exime de cumplir el código de circulación.

Y, de los seguros, ¿Cuándo hablas?

A pesar de lo que pueda parecer por recientes declaraciones, no creo que el sector tenga un excesivo interés en hacer el SOA a este tipo de vehículos. Digamos que “no le va a quitar de pobre”, ya que el montante de primas tampoco será tan elevado. Si estimamos que hay algo más de 600.000 vehículos de este tipo a 80 euros por vehículo no llega a 50 millones de euros, teniendo en cuenta que las primas de seguro de circulación fueron más de 11.300 millones de euros. Es cierto que “a nadie le amarga un dulce”, que quizás no será tan dulce, ya que veremos qué resultado da este tipo de negocio, habida cuenta de que el montante de primas es pequeño, y que cualquier reclamación muy probablemente se llevará por delante la recaudación de miles de pólizas.

Creo firmemente que esta nueva normativa vendrá a regular algo que, en general, la población de las ciudades necesitaba y que el sentido común, la educación y civismo no nos ha traído.

Los tiempos de la velocidad han pasado de moda; el ser el más rápido en llegar a un sitio ya no tiene sentido y prima el llegar. Esos tiempos de la velocidad, junto con el fumar o el carajillo de coñac, han pasado a pertenecer al pasado y en la actualidad abandonar estas prácticas nos ayuda a vivir más años y mejor.

Mi único deseo que si el energúmeno de la autopista tiene un accidente, cosa que yo no le deseo para nada, sea el solo y no se lleve a nadie por delante. Y espero antes alguien le explique que lleva entre las manos algo que puede matar.

MÁS NOTICIAS

Suscríbete a nuestra newsletter

Suscríbete a nuestra newsletter