José Luis Latorre | De honestidad e impuestos

Hace unos días, un buen amigo me hizo reflexionar sobre la objetividad y la honestidad. Defendía mi amigo que la objetividad no existe, que lo que existe es la honestidad; que se puede ser honesto, pero nunca objetivo, ya que depende de nuestra manera de pensar la deriva de nuestra decisión.

Ningún gobierno actúa con objetividad. Cuando un político habla desde la objetividad, miente sin lugar a duda. Puede ser honesto, honesto consigo mismo o con los demás, y cuando consigue ser honesto consigo mismo y con los demás tenemos delante un gran político. Y hace años que en el horizonte político de ‘primera división’ no veo un gran político.

“Esta crisis, por impredecible, hace que las decisiones a tomar sean difíciles y el tiempo juzgará si han sido acertadas. Como la decisión de subir impuestos”.

Esta crisis, por impredecible, hace que las decisiones a tomar sean difíciles y el tiempo juzgará si han sido acertadas. Como la decisión de subir impuestos. Si hay una política impopular es esa. Desde la época feudal ha sido motivo de disturbios y revueltas (aunque siempre he pensado que la sociedad española es muy educada, ya que con lo que hemos llegado a sufrir en el pasado más lejano y en el más reciente, con partidos corruptos, falta de cumplimientos de programas electorales, engaños, etc., la población aún no ha salido a calle a protestar masivamente).

En junio, el gobierno del Estado dijo que no habría incremento de impuestos a la clase media ni a la clase trabajadora y, como siempre, se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Es cierto que España, al igual que otros estados, está inmersa en la peor crisis sanitaria y económica que ha existido y que la única duda que tenemos es cuándo acabará esto. Creo que coincidimos en que esta situación requiere esfuerzos, pero también en que no es justo que los esfuerzos siempre recaigan sobre los mismos.

Recordemos a Napoleón Bonaparte: “Obligar a los ricos a pagar impuestos es una necesidad de guerra pero obligar también a los pobres es una infamia”. Creo que es una frase adecuada en este momento de lenguaje de guerra.

“Los principales clientes de los seguros son siempre la clase media que no pueden permitirse perder el patrimonio conseguido con su esfuerzo y acuden a la mutualización de pérdida a través de las aseguradoras”.

Todo el mundo sabe que el usuario más importante de los seguros es la clase media. Al fin y al cabo, cuando no tienes nada, nada tienes miedo a perder, mientras que las grandes fortunas se autoaseguran, ya que tienen los recursos para reponer el bien perdido o pagar sin mayores esfuerzos la atención médica frente a la enfermedad. Los principales clientes, por tanto, son siempre la clase media, los que no pueden permitirse perder el patrimonio conseguido con su esfuerzo y acuden a la mutualización de pérdida a través de las aseguradoras. A estos va dirigido el aumento de la carga impositiva, que alguien puede decir que solo es de un 2%, y, no, no señores, es un aumento de más del 33% del impuesto.

Decía Winston Churchill como buen liberal: “Una nación que intente prosperar a base de impuestos es como un hombre con los pies en un cubo tratando de levantarse tirando del asa”.

Y todo el sector se rasga las vestiduras… Unespa lanza una nota de prensa,  la Mediación en bloque ataca la medida. Nada nuevo en el horizonte: los lobbies actúan como tales, aunque sería objetivo y honesto si actuaran igual cuando las primas suben un 8% o más… pero como entonces salimos beneficiados es el mercado el que sube.

La honestidad, desde mi punto de vista, pasa por reconocer que esta medida no nos viene bien por encarecer el producto final sin tener un beneficio directo. Porque cuando el producto final sufre un incremento y a nosotros nos genera un beneficio directo, no se alza ninguna voz.

La honestidad, desde mi punto de vista, pasa por entender que esta locura de dispendio que significa la crisis sanitaria de alguna forma se ha de pagar, aunque no siempre han de ser los mismos como antes he indicado.

La honestidad, desde mi punto de vista, pasa por que algunas aseguradoras, que se rasgan las vestiduras por el incremento de la carga impositiva, dejen de “eludir” impuestos a través del pago de primas de reaseguro a la matriz en países que curiosamente tienen una baja presión fiscal, un clásico en la forma de enviar el dinero neto de impuestos a sus mayores.

La honestidad, desde mi punto de vista, pasa por dejar de asegurar con IVA los bienes de las personas físicas y cuando hay un siniestro pagar al reparador (ya sea un taller de coches o un profesional de la reparación como un electricista) sin IVA porque se lo puede deducir (ojo que por ese IVA asegurado se ha pagado prima y no se paga siniestro).

Señores, no seamos objetivos, ya hemos quedado que eso no existe, pero seamos honestos cuando se han incrementado las primas y nos viene bien, pero subimos el impuesto y mucho, después de años sin modificar y salimos en tromba. Aunque, para seguir siendo muy honesto, al Estado también le han venido bien nuestras subidas de prima por el aumento de tributación que ha significado y el Estado no se ha quejado.

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