El momento de la generosidad, ¿al fin?

Esto pasa en las mejores familias. Es la frase hecha que por manida, no deja de ser la más apropiada para los últimos acontecimientos en el Consejo General de Colegios de Mediadores de Seguros. Lo vemos en otros organismos en sectores diferentes, como el Colegio de Arquitectos de Madrid ahora mismo, sin ir más lejos; o en política, a diario.

Pero la frase hecha no puede ser un escudo para justificar una situación que hace más daño que bien a los intereses de la mediación. No sé si era el momento de presentar una moción de censura. Pero lo que es evidente es que la unión de 23 colegios en contra de una gestión es muy, pero que muy significativa. Exigía un poco de autocrítica al menos, más incluso que una dimisión.

Los intereses de la mediación, la credibilidad de la institución, la imagen, el poder como interlocutor, el trabajo hecho, los asuntos en los que se ha avanzado, la escuela de negocios… ¿dónde quedan? Es lo que en geoestrategia llaman daños colaterales. Una institución al borde el abismo.

Y mientras tanto, ¿qué tenemos? Una economía, la española, que se debate entre la catástrofe y la debacle; un sector asegurador que anda calculando el daño que va a sufrir, porque lo va a sufrir, en el segundo semestre del año, pero que ya empieza a descontar que en 2021 también tendrá que  hacer revisión de beneficios. Y tenemos un colectivo, el de la mediación, con muchos quebraderos de cabeza: el día a día en sus agencias y corredurías con una pandemia que se resiste a abandonarnos; las renovaciones que vienen;  la ley de distribución y una larga lista de enmiendas que ya veremos si salen adelante o no; y un debate más vivo y abierto que nunca: el del asociacionismo. Nuestro colaborador, José Luis Latorre lo contaba recientemente a las claras (y alguna regañina le costó): hay muchas siglas y muchos portavoces. Y eso no hace sino confundir a los interlocutores, en el mejor de los casos… porque en el peor, lo que hace es dejar huecos que la banca (y otros sectores dispuestos a entrar en la distribución) sí sabe aprovechar. El Consejo General corre el riesgo de quedarse atrás y perder el papel que le corresponde.

Pero detenernos en lo negativo, es un esfuerzo inútil que solo nos conduce hacia la melancolía. Seamos optimistas. El Consejo tiene una oportunidad única para avanzar y para sentar unas bases sólidas. Siempre y cuando plantee unas elecciones constructivas y el candidato o los candidatos estén dispuestos a colaborar más que a luchar y el ganador tenga la inteligencia y generosidad de escuchar todas las corrientes de opinión. Y el resto tenga capacidad de colaboración. La institución, lo merece.

Noticia relacionada:

MÁS NOTICIAS

Suscríbete a nuestra newsletter