José Luis Latorre | Al César lo que es del César

Reddite ergo quae sunt Caesaris, Caesari et quae sunt Dei Deo

Jesús de Nazaret

Un cliente me trasladó una conversación con el director de su banco con relación a los seguros y a la presión que ejercen los bancos a los clientes para contratarlos. Me dijo: “Yo a mi corredor de seguros no le pido créditos ni a ti los seguros”. Hace años dejé de operar como mediador, pero me consta que aún mantiene la misma política.

“Un cliente le dijo a su director de banco: «Yo a mi corredor de seguros no le pido créditos ni a ti los seguros»”

Lo sé. Pensaréis que es un cliente raro o uno entre un millón, pero debería ser así. Nunca me ha preocupado la competencia de los bancos. De hecho y lo digo ahora que no me lee nadie, yo trabajé hace años en una correduría bancaria y entonces las facilidades que teníamos por pertenecer a un banco eran únicamente las que te daban la marca, sin más. Ninguna situación privilegiada.

Yo creo que la competencia debe ser justa y que el sol sale para todo el mundo, incluso para los bancos. Que lo de devolver recibos bancarios de los seguros para ofertar los seguros de la aseguradora cautiva del banco son prácticas que deben perseguirse. Que el asesoramiento al cliente debe ser de calidad y para ello, una vez más, falla la formación de los empleados bancarios. Esos empleados de “le bajamos el precio”, “le ofrecemos un descuento en la hipoteca” o “le regalamos el menaje del hogar”. No me extraña que, en más de una ocasión, haya atendido a clientes que habían contratado seguros con entidades bancarias, con coberturas restringidas que nadie había explicado. Clientes a los que, tristemente, tenías que decirles que donde creían tener un seguro tenían un problema.

Los bancos, con la reducción de tipos, tienen que mantenerse con las comisiones, que tampoco ayudan demasiado, por lo que, al final, tiran de los negocios paralelos. Entre ellos, el más productivo es el asegurador. No es nuevo. En mi época de relación estrecha con la Banca, todos los directores de sucursal tenían código de agente de seguros y se sacaban un muy buen sobresueldo. Algunos ganaban más en comisiones de la aseguradora cautiva que del propio banco. En la época de las primas únicas, más de uno vivió el sueño de la riqueza infinita y fueron de los primeros que se escondieron cuando el cliente recibió el requerimiento del Ministerio de Hacienda —¡vaya por Dios, que no era negro, ni tan siquiera gris!— y la responsabilidad del asesoramiento “…al maestro armero” porque yo pasaba por ahí… Entonces, los bancos, para proteger ese personal, empezaron a mover los empleados cambiándoles de oficina. Una buena fórmula para evitar linchamientos innecesarios.

“Los bancos, con la reducción de tipos, tiran de los negocios paralelos. Entre ellos, el más productivo es el asegurador”

Y así se ha movido la Banca siempre con los seguros, aunque es de recibo decir que en la Bancaseguros hay muy buenos profesionales que diariamente intentan hacer bien su trabajo, con honestidad y honradez, y esta sí, esta sí es una competencia bienvenida, la que asesora, la que no coloca, la que no vende el seguro como yo pido el vino en un restaurante, por la derecha por no ser un experto enólogo.

Mientras tanto os deseo que encontréis muchos clientes que no os pidan créditos y no permitan que los bancarios se hagan con sus seguros impunemente, con nocturnidad y alevosía.

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