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El aumento de barreras comerciales tendrá un mayor impacto en Reino Unido que en la UE

Tras un largo periodo de incertidumbre, el Acuerdo de Libre Comercio entre Reino Unido y la Unión Europea supone un hito positivo para el tejido empresarial frente a la alternativa de la finalización del periodo transitorio sin acuerdo, que hubiera supuesto la entrada en vigor de las normas comerciales previstas por la Organización Mundial del Comercio. El acuerdo prevé un comercio de mercancías libre de aranceles, pero apenas regula el intercambio de servicios, que supone cerca del 80% de la economía británica y el 45% de su comercio exterior. El texto, que mantiene al Tribunal de Justicia de la Unión Europea fuera del acuerdo comercial, recoge, sin embargo, importantes concesiones británicas sobre el reconocimiento de sus obligaciones financieras con la Unión, el tratamiento de la frontera irlandesa y la competencia en igualdad de condiciones. El tratamiento de los derechos de pesca, donde ambas partes modificaron sus posturas iniciales, ha generado una fuerte preocupación en el sector pesquero.

La nueva relación comercial generará la aparición de costes económicos adicionales y desafíos logísticos para el tejido empresarial. El mayor impacto de este aumento de barreras comerciales se dejará sentir en Reino Unido, donde se prevé que los efectos de la COVID-19 junto a las nuevas fricciones comerciales provoquen un fuerte aumento de las insolvencias en 2021. En la Unión Europea, el impacto será menor. El mayor riesgo se concentra en Irlanda, por sus estrechos vínculos. En otros socios comerciales importantes, como Bélgica, Países Bajos o Dinamarca, el efecto sobre las insolvencias será más limitado. Por sectores industriales, automoción, textil y la alta tecnología pueden verse afectados de forma significativa.

Desde los primeros días de enero se ha registrado una caída interanual del tráfico portuario. A largo plazo, se mantienen las preocupaciones logísticas por las dificultades de acceso a la documentación de tránsito en un contexto de revisión de su software por parte de la autoridad aduanera de Reino Unido. A los retrasos en las aduanas se añade la necesidad de que los transportistas presenten una prueba COVID-19 negativa. La complejidad del nuevo contexto incrementa la importancia de una sólida estrategia de gestión del riesgo comercial en las relaciones mercantiles con clientes de Reino Unido.

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