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Diez aspectos clave para estabilizar las economías de familias y organizaciones y contribuir al impulso económico

La consultora AIS Group aboga porque las entidades financieras logren un equilibro que permita conceder préstamos a las empresas, autónomos y hogares, sin comprometer su viabilidad y manteniendo el riesgo dentro de unos parámetros controlados.

Los préstamos tanto en empresas como en particulares se analizan hoy en día con prudencia. Tras la concesión de las líneas de crédito avaladas por el Estado, el foco se sitúa ahora en la morosidad. El Banco de España ya está alertando de que el número de créditos dudosos y el volumen de impagos puede multiplicarse.

Pese a las necesidades de reactivar la economía, las entidades financieras empiezan a mostrar mayor cautela a la hora de otorgar préstamos a empresas y el control de riesgo se convierte en un elemento fundamental.

“En este escenario, la aplicación de técnicas de inteligencia artificial facilita la labor de incorporar el efecto COVID tanto a la concesión de créditos como a su seguimiento y a la recuperación llegado el caso. En este sentido, es clave disponer de información actualizada sobre las personas y las empresas, incrementar el poder predictivo de los modelos para la concesión de créditos, desarrollar alertas tempranas para detectar posibles situaciones de impagos antes de que se produzcan o predecir el efecto sobre la cartera de los posibles cambios macroeconómicos”.

Jose Manuel Aguirre, economista y director comercial de AIS Group

Según la consultora, hay que analizar, ahora más que nunca, diez aspectos clave para que en estos mercados dinámicos y cambiantes se puedan estabilizar las economías de las familias y de las organizaciones y así, contribuir a un impulso de la economía.

  1. Disponer de información lo más actualizada posible de la situación financiera de las empresas. Tradicionalmente, los créditos se conceden en base a una información que se revisa una vez al año. En las circunstancias actuales, en numerosos casos puede existir un gran desfase entre los datos del balance y los estados contables y el estado real de las empresas en estos momentos. Tener información transaccional en tiempo real permitirá evaluar la capacidad de pago de las compañías y la conveniencia de conceder o no un crédito.
  2. Incorporar el efecto COVID en los scorings y ratings. Es necesario hacer una reestimación de los modelos de gestión de riesgo que tenga en cuenta los cambios producidos en los distintos sectores económicos y su influencia en la situación de la empresa.
  3. Utilizar técnicas machine learning que potencien el poder predictivo de los modelos. La principal característica de estas técnicas de Inteligencia Artificial es la de incorporar gran cantidad de datos de todo tipo que afinan la capacidad predictiva de los modelos, su nivel de acierto.
  4. Disponer de modelos paralelos de gestión de riesgo de crédito que se reestimen periódicamente de forma automática y se comparen con los modelos en funcionamiento, para recomendar su necesaria
    actualización a la que muestren signos de debilidad (de menor predicción).
  5. Optimizar el seguimiento de las carteras. Desarrollar modelos de alertas tempranas para detectar posibles situaciones susceptibles de derivar en impago, antes de que éste sea realmente efectivo y
    dando así margen a la entidad de tratar de reconducir la situación.
  6. Simulación de escenarios. En una situación de tanta incertidumbre es vital ser capaz de ver cómo pueden evolucionar los indicadores macroeconómicos y tomar así las decisiones óptimas. El stress
    testing es fundamental para decidir posibles cambios estratégicos en función de los cambios de la economía.
  7. Dotarse de herramientas de recobro efectivas. Hasta ahora, la mayoría de las operaciones de crédito se enmarca dentro de las líneas avaladas por el Estado, por lo que el riesgo para bancos y fintechs es ahora mismo reducido en función de la proporción de dicho aval. Sin embargo, a partir de ahora, deberán ser las entidades financieras las que asuman ese riesgo y, dada la situación actual, todo hace prever que habrá un incremento de las tasas de morosidad. Las entidades deben prepararse para esta contingencia. Para ello contar con software suficientemente elaborado para definir estrategias de cobranza o de renegociación.
  8. Mejorar la experiencia de usuario en el canal digital. La digitalización de servicios financieros es un camino sin retorno y cada vez más necesaria su implementación para la competitividad cada día más
    clara entre las entidades financieras de todo tipo. La experiencia de usuario y el viaje del cliente lleva a comparar el tipo de servicio y eficiencia ofrecidos por distintas entidades, por lo que es un elemento
    fundamental.
  9. Fraude. Los canales digitales, por otra parte, requieren de controles y seguridad informáticos reforzados y dinámicos, ya que los ataques se van adaptando a nuevas formas de protección y a
    huecos de seguridad informática en los respectivos programas.
  10. Evaluar su capacidad de transaccionalidad y dotarse de los equipos técnicos necesarios para dar respuesta.

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