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El 65% de los conductores españoles cree que la seguridad vial ni ha mejorado, ni empeorado en el último año

Las consecuencias de la COVID-19 han provocado también cambios relevantes a la hora de desplazarse: el uso de vehículos particulares y de movilidad personal (bicicletas y patines) ha aumentado en un +35% y un +18%, respectivamente; mientras que se ha desplomado el del transporte público en un -46% y el de taxis y VTC en un -29%.

Así lo constata el ‘Estudio de Movilidad Segura y Sostenible’ del Centro de Estudios PONLE FRENO-AXA, que ha sido presentado este lunes. Realizado por Kantar entre septiembre y octubre de 2020 y con la colaboración de PONS Seguridad Vial, el informe recoge la percepción de más de 4.000 conductores sobre hábitos en los desplazamientos y en aspectos relacionados con la movilidad segura, sostenible, accesible y conectada.

Estamos en un 25% menos de desplazamiento por coche en días laborables y un 65% menos los fines de semana. Cuando pase, seguiremos con un 10% menos por cuestiones económicas y la incidencia del teletrabajo a lo que hay que añadir el concepto de vehículos compartidos”.

Pere Navarro, director general de Tráfico

Limitación de velocidad en las ciudades

El secretario técnico del Centro de Estudios PONLE FRENO-AXA, Javier Olave, ha presentado las conclusiones del Estudio y, respecto a las diversas medidas para mejorar la seguridad, ha destacado la reducción de velocidad en las ciudades, que estaría claramente aceptada: el 62% está a favor de limitar la velocidad a 30km/h. “Esto no es un tema del gobierno, son los propios ayuntamientos los que se dirigen a la DGT, es un tema de sentido común aplastante”, ha asegurado el director de la DGT.

No existe, sin embargo, una opinión tan generalizada sobre la necesidad de implantar un mayor número de radares, solo el 21% cree que es insuficiente, frente al 55% que considera que hay suficientes y el 23% que opina que el número es excesivo.

En líneas generales, la opinión mayoritaria acerca de la seguridad es que no ha evolucionado, ni ha mejorado ni empeorado a lo largo del último año (65%). Únicamente, una cuarta parte piensa que ha mejorado, cifra que se incrementa entre los más jóvenes (38%), mientras que las mujeres son claramente más críticas (13%), al igual que en Cataluña (15%) y Madrid (18%).

El móvil, en el centro de las distracciones

De los que opinan que ha empeorado, el 11% de la población conductora, las distracciones provocadas por el uso de dispositivos móviles es el principal argumento citado con un 60%, seguido del uso imprudente de los vehículos de movilidad personal (patinetes) y la falta de educación vial, citado estos dos últimos por 1 de cada 2 entrevistados, así como el uso imprudente de las bicicletas (34%). También el llamado peatón tecnológico (aquella persona que transita por la ciudad utilizando aparatos tecnológicos como auriculares, móviles, reproductores de música, agendas electrónicas…) representa ya un gran peligro para el 21% de los conductores en ciudad.

Sobre este punto, Pere Navarro ha asegurado que “el móvil no es un problema de movilidad solo, es un problema de dependencia de la sociedad en general, el tercer brazo” y ha señalado que, si bien se ha avanzado en la labor de informar, “tenemos que incidir en la segunda fase: la de la vigilancia”, además de que “cuando se aprobó el permiso por puntos no existía el WhatsApp, hay que actualizar en función del ritmo que supone el teléfono móvil”.

“Estamos trabajando en un real decreto para la protección de los colectivos vulnerables, es lo que toca”, ya que, además de que la seguridad de los vehículos ha mejorado “de forma exponencial”, la situación de los desplazamientos a pie ha cambiado “radicalmente”: “en circulación, el protagonista es el coche; en movilidad el ciudadano. Hay nueve millones y medio de personas de 65 años, más que menores de 18, y son los que marcarán la agenda porque se desplazan a pie, los desplazamientos a pie van a ser uno de los grandes protagonistas de la movilidad tras la era COVID. Y solo hay un problema, no hay negocio detrás, frente a la industria del coche, la moto e incluso la bici”, ha asegurado el responsable de la DGT.

Para Navarro, “para que funcione la seguridad vial tiene que funcionar la movilidad”, ha dicho para añadir que “si me preguntan por una medida tan eficaz como fue el desarrollo del ferrocarril, probablemente ahora mismo diría el llevar las mercancías de las carreteras al ferrocarril. El 4% de las mercancías solo van por ferrocarril frente al 15% de la media europea, reduciría de manera significativa la circulación de los camiones, no porque conduzcan mal, que no es el caso, sino por descongestionar”.

Otra de las asignaturas pendientes que se percibe es la formación de los conductores, ya que solo el 29% cree que salimos bien preparados para coger el coche tras el paso por las autoescuelas, unos resultados que se incrementan entre los más jóvenes (39%), mientras que entre los hombres (45%) y el tramo de edad de 35-44 años (48%) se observa una mayor crítica en este sentido. Por tanto, hay un claro consenso en mejorar la formación: la necesidad de usar más recursos audiovisuales (73%), la formación de los sistemas tecnológicos y de seguridad que incorporan los vehículos (73%), la posibilidad de obtener puntos extras tras recibir cursos sobre conducción segura (70%) o establecer un mínimo de clases prácticas (68%). El 64% está a favor de aumentar las restricciones del permiso de conducir en función de la edad y el 61% pide que haya que obtener un permiso para circular por las ciudades con bicicleta o patín.

Movilidad sostenible

Con relación a la movilidad sostenible, una de las principales conclusiones es que 9 de cada 10 opinan que la contaminación de vehículos es un problema importante o muy importante, aunque también es cierto que la industria es para los entrevistados el principal factor que contribuye a la contaminación en las ciudades (64% en primera opción), seguido de los vehículos particulares (13%) y las calefacciones (9%).

En relación con la etiqueta medioambiental de los vehículos, 1 de cada 2 dice no tenerla puesta –y de estos, el 54% no quiere ponerla- cifra que se incrementa en Andalucía (61%), Aragón (70%), Baleares (69%), Canarias (64%), Valencia (63%), Galicia (73%) y País Vasco (71%). Solo Madrid y Cataluña destacan por un mayor grado de uso de la etiqueta (79% y 68% respectivamente).

Sobre la utilidad de las etiquetas, un 70% destaca su uso para reducir o restringir la movilidad de ciertos vehículos, un 60% para tener conciencia del grado de contaminación del vehículo, un 64% como orientación para elegir un modelo de coche y un 55% considera que su finalidad es recaudar dinero o multar. Sobre este último punto, Pere Navarro se ha mostrado tajante: “La DGT no ingresa ni un euro por esto y el coste es únicamente de la fabricación”.

También ha destacado el desarrollo del vehículo eléctrico dentro de los avances desde el punto de vista medioambiental, si bien ha subrayado que “para la seguridad vial, la apuesta de la DGT es el vehículo conectado”.

En el apartado de movilidad accesible, el Metro es el transporte público más valorado (con 6,21 puntos sobre 10), especialmente en Euskadi, con notable alto (7,65), y en Madrid, donde roza el notable (6,81). En general, todo el transporte público aprueba, incluido el alquiler de bicicletas:

 

Respecto a la movilidad conectada, 1 de cada 2 cree que no hay suficiente información sobre el tráfico en tiempo real, lo que podría solucionarse con aplicaciones que ayuden a mejorar la movilidad y a planificar mejores rutas y más rápidas, ante lo que los conductores estarían dispuestos a ceder sus datos personales. En este sentido, de las apps disponibles, los sistemas de navegación son los más utilizados (76%), seguidos del pago en aparcamientos regulados y del uso del transporte público (44%), frente al uso minoritario tanto del alquiler de vehículos como de los agregadores de movilidad, en torno a un 15%.

Finalmente, preguntados por la confianza que, de cara al futuro, les ofrecen los vehículos particulares sin conductor, un 48% dice que no lo usaría, frente al 28% que asegura que sí subiría a este tipo de vehículos, subiendo el porcentaje al 35% entre los jóvenes (18-34 años).

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