Nombre

Javier Casells

Título

Refexiones veraniegas

Huelen tus besos como huele el trigo reseco del verano”, escribía García Lorca en su Madrigal de Verano (1921). Y es que con la llegada de la estación para muchos más deseada del año, y con ella las aún más ansiadas vacaciones, el común de los mortales deja volar su imaginación hasta playas idílicas, días en familia, lecturas aparcadas, aventuras por exprimir o, como el poeta, hasta amores intensos y pasajeros.

Llámenme bicho raro si quieren pero, al menos en parte, en mi caso esos lugares comunes estivales comparten pensamientos con otros menos relajantes y más inquietantes, sobre los que vale la pena pararnos a reflexionar unos minutos.

Enzo Ferrari afirmaba que las mejores vacaciones eran las que pasaba en su taller y, en lo que a mí respecta, la deformación profesional se acrecienta durante el estío y, cual Cole Sear de El Sexto Sentido, me arrebujo por los rincones con la mirada perdida y hago mía su famosa frase afirmando que en ocasiones –casi todas, diría- veo… ¡riesgos!.

A quien no se le ha encogido el corazón con las recientes noticias publicadas sobre los accidentes ocurridos, a uno y otro lado del Atlántico, mientras unas criaturas disfrutaban de los tan familiares castillos hinchables. Soy padre de dos niños pequeños y creo que no me equivoco afirmando que es raro el evento social en el que no hayan instalados uno o varios castillos hinchables para deleite de nuestros peques.

También leía hace pocos días sobre una sentencia dictada con ocasión de un siniestro acaecido durante la práctica de una actividad de riesgo (puenting), en el que la funesta combinación de lugar prohibido, menor sin autorización de sus progenitores y monitor con un inglés macarrónico; daban como resultado el fallecimiento de una turista extranjera de 17 años y la condena de la empresa que organizaba la actividad.

Los accidentes en parques acuáticos y piscinas también son tristemente habituales. Al fallecimiento, por poner un ejemplo, de una menor en un conocido balneario en 2015, se unen otras noticias relacionadas con importantes lesiones sufridas por varios bañistas este 2017, destacando dos casos: el primero relacionado con la succión de la depuradora de una piscina y el segundo por lesiones medulares en un parque acuático.

Finalmente, siguiendo con este pequeño corolario de vacaciones tristemente frustradas, cuando no vidas, hace pocas semanas nos desayunábamos con la tragedia vivida en Colombia al naufragar una embarcación con 170 personas a bordo, dejando 9 fallecidos (si contamos a los dos desaparecidos) y múltiples heridos.

NO pretende este artículo ser alarmista, pues lo cierto es que no existen actividades sin riesgo y, además, estos hechos son totalmente puntuales y afortunadamente la industria del ocio cuenta con excelentes profesionales y las mejores instalaciones en las que disfrutar de nuestro tiempo libre; pero sí poner en valor una vez más la importancia del seguro de responsabilidad civil, que en todo o en parte podría resarcir a los perjudicados de los daños padecidos. No olvidemos, homenajeando al gran Calderón de la Barca, que “la vida es riesgo y los riesgos, riesgos son”.

Y lo cierto es que se trata de una labor en la que nadie está exento de responsabilidad. En primer lugar de todos y cada uno de nosotros como usuarios, valorando qué actividades queremos realizar, asumiendo los riesgos que conllevan y, en su caso, huyendo de las gangas y exigiendo la mayor de las diligencias a quienes las desarrollan. En segundo lugar de los propios profesionales, preocupándose como hacen por ofrecer el mejor de los servicios, con todas las garantías, y con la inestimable ayuda de la mediación de seguros. En tercer lugar de las aseguradoras, desarrollando los mejores productos para las distintas actividades. Y finalmente de los poderes públicos, en su papel de garantes de la legalidad.

Y ahora, con la agradable sensación del deber cumplido, volvamos a volar pues… “por veredas de sueño y habitaciones sordas tus rendidos veranos me acechan con sus cantos” (Objetos Perdidos, Julio Cortazar).