Nombre

Germán Cuevas Pérez

Título

La tecnología y el sector asegurador en 2017

Si tenemos la curiosidad (y el tiempo) de hacer una inmersión en Google, veremos que al buscar los términos “big data”+seguros+España obtenemos unos 528 000 resultados; si sustituimos “big data” por “transformación digital”, la cifra baja a 232 000.  

Conocer el grado de implantación y, sobre todo, el resultado de iniciativas de este tipo, que se hayan puesto en marcha en los últimos dos años en el sector asegurador en España, es una tarea ardua ya que, sin duda, se tratará de proyectos complejos y ambiciosos, con resultados visibles más bien en el medio y largo plazo. Y en ambos casos, poniendo el foco en conseguir tener una mayor visión sobre el cliente y en cómo reforzar su vínculo con la entidad aseguradora.

En estos últimos meses otros términos van apareciendo en las presentaciones de los consultores tecnológicos y en publicaciones especializadas: insurtech (con la recién creada asociación AEFI), blockchain (162 000 resultados), chatbot, y smart contract (este último apenas 16 000 resultados) son algunos conceptos que comienzan a dar pie a investigar para qué pueden ser de utilidad en el sector.

En este punto es donde no debemos olvidar (ninguno los que tenemos que ver con la tecnología, ya sea como proveedor o dentro del área TI de la compañía) que, por encima de cualquier interés por probar y jugar con nuevas tecnologías, debe estar el negocio. Y que, por tanto, el detonante de un proyecto debe ser la búsqueda de una reducción de costes, un incremento en las primas o dar un mayor valor para el cliente, para el canal o para los colaboradores.

Por poner algunos ejemplos, un chatbot ligado a una solución de mensajería personal facilitaría mucho que un asegurado avise desde su móvil que se ha quedado tirado en carretera, o que tiene una fuga de agua en su casa, y, de forma automática, se activará el proceso de gestión del siniestro, incluyendo el aviso al perito, al reparador o a la grúa según sea el caso. Y, también, haciendo uso de soluciones de mensajería; incluso complementadas con transmisión de vídeo dirigido de forma remota desde un centro de peritación, por ejemplo.

En el horizonte tenemos ya otros revulsivos para el sector: el coche autónomo y el coche conectado. En los próximos dos o tres años será muy interesante ver cómo se van posicionando los diferentes jugadores, habrá quien pretenda invadir el espacio de una aseguradora (TESLA ya lo ha anunciado), habrá disputas por ver quién es el propietario de los datos transmitidos telemáticamente desde un coche: el fabricante, el dueño de la tarjeta SIM o la aseguradora que ha convencido al cliente de las ventajas de conocer sus hábitos de conducción, etc.

Sin duda, tendremos un panorama muy atractivo desde el punto de vista tecnológico, habrá que estar pendiente de ello. Pero, mientras tanto, conviene no olvidar que aún tenemos muchas cosas por mejorar en el día a día: facturas de los proveedores que aún están en papel cuando podrían ser electrónicas, gestión documental manual que puede ser robotizada, información que viaja por correo electrónico desde médicos o abogados en lugar de intercambiarse en plataformas que facilitan su control y sistematización. Todo ello es susceptible de mejorar y, por tanto, de conseguir eficiencias y ahorro de costes.

 

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