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Unespa pide que las Insurtech se sometan a la norma de seguros, "sin excepciones ni parcialidades"

Mirenchu del Valle
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Mirenchu del Valle Schaan, secretaria general de Unespa, participó en la jornada ‘Insurtech, la gran oportunidad para el sector seguros’ organizada por El Español.
Redacción
22 de Marzo de 2018, 08:30CET

Según sus palabras, “las novedades surgidas de la evolución tecnológica hacen que cada vez son más los seguros que ofrecen elección de coberturas, seguros ajustados a los nuevos hábitos y novedades como las diferentes formas de uso del vehículo hacen que el aseguramiento también deba cambiar. La tendencia, por otra parte, es clara hacia el empoderamiento del cliente. El negocio cada vez más se ve sometido a un permanente control de calidad en el día a día, mientras, al mismo tiempo, se produce la demanda de una tramitación de asuntos (notablemente, la gestión de percances; pero también la formalización de productos) cada vez más ágiles e inteligentes. Las empresas están cada vez más interesadas en sistemas dotados de inteligencia artificial que mejoren la prestación de las personas en una gestión cada vez más complicada”.

Con todo, considera que “la gran revolución que llega es la que está relacionada con la conectividad y las métricas. La posibilidad de que el asegurador pueda, en el futuro, comunicarse con el objeto asegurado, abre retos hasta ahora impensables, sobre todo a la hora de desarrollar servicios ágiles, como la peritación. Pero, además, las métricas también han de colaborar en modelos predictivos que le permitan al asegurador precisar su oferta y adaptarla mejor que nunca a las necesidades del cliente, dado que gracias a las métricas podrá conocer a dicho cliente mejor de lo que lo ha conocido nunca. El seguro es la industria de los datos, la industria de la información. Nuestra materia prima son los datos. El desarrollo tecnológico ha alumbrado herramientas analíticas más efectivas y sofisticadas. Es el big data. Innovaciones de este tipo conllevan grandes posibilidades de crecimiento e implantación social para nuestro sector”.

A su juicio, “la tecnología permite hacer más eficiente la prestación de servicios. Y como oportunidad tecnológica tenemos la tecnología Blockchain que supone una gran oportunidad para el seguro. Esta tecnología permite compartir información entre terminales con seguridad y trazabilidad. Por eso, puede resultar especialmente útil para el seguro: una industria que debe respetar la privacidad del cliente al tiempo que ha de llevar un control riguroso del proceso de contratación del producto y de solución del siniestro”.

Requisitos para las Insurtech

No obstante, sobre el impacto de las Insurtech en el sector, advirtió que “la supervisión está basada en la actividad. Sin excepciones, sin parcialidades, sin diferenciaciones entre unos operadores y otros. Las mismas normas deben regir para la misma actividad aseguradora. Las mismas reglas deben aplicarse a aseguradoras establecidas y a los nuevos actores de mercado (Startups). Las Insurtech deben, por lo tanto, quedar sometidas a la normativa de seguros que se aplica con carácter general (por ejemplo, en materia de autorizaciones). Hay que destacar que las Insurtech no las alumbran sólo los nuevos actores de mercado. Los propios grupos aseguradores están lanzando sus proyectos piloto. No obstante lo dicho, sería totalmente injusto decir que el seguro está cerrado a la llegada de nuevos actores, pues recibirlos y asumirlos es lo que lleva haciendo 200 años. Los supervisores deben garantizar una monitorización efectiva de las actividades de todos, sean entidades establecidas o nuevos actores en el mercado”.  

Insistió en que “el objetivo final es que los consumidores tengan siempre la misma protección, independiente de a través de qué medio adquieran su seguro (agentes, corredores, bancaseguros, comparadores, venta directa, etc.) O quién les preste servicio. Ése, de hecho, ha sido siempre el objetivo de la regulación y supervisión aseguradora. Primero garantizó que el nivel de protección del cliente fuese el mismo cualquiera que fuese el producto que comprase. Luego que la homogeneidad se respetase entre todos los diferentes modos de comercialización. Después, aseguró un nivel igual de protección cualquiera que fuese la procedencia geográfica del asegurador que ofrecía el producto. Y, ahora, le tocará asegurar que la protección es la misma cualquiera que sea el entorno tecnológico de la relación de seguros. Y yo no tengo ninguna duda de que lo hará ¿debe la normativa adelantarse a las novedades? Yo creo que es muy difícil. Los mercados financieros y aseguradores están innovando constantemente, porque dependen de esa realidad constantemente mutante que llamamos cliente. Así pues, cierto es que la normativa a veces no puede seguir el ritmo de la innovación. Pero lo que no puede hacer es frenarla”.

En su opinión, “el seguro se construye sobre una estricta normativa tanto contractual como de ordenación y supervisión. Por esta razón, la normativa “debe estar adaptada”, más pronto que tarde, a la realidad del entorno digital. La norma actual de contratación de seguros, por ejemplo, está pensada para un entorno “presencial” y peca de ciertos formalismos que no casan bien con las nuevas tecnologías y hábitos de consumo. Habría que corregir esto. Y debe ser, quiero recordarlo, tecnológicamente neutra, no debe beneficiar a unos operadores frente a otros, porque lo contrario incumpliría el principio mayor de otorgar a cualquier cliente, de cualquier producto, con cualquier aseguradora, a través de cualquier medio, el mismo nivel de protección. Las leyes, por último, deben ser estables y tener un propósito de continuidad en el tiempo para que las organizaciones sepan a qué atenerse en el medio y largo plazo. La legislación debe recoger la innovación, pero no es muy buena idea que se convierta en innovación en sí misma, porque entonces nos encontraremos ante un problema de inseguridad jurídica a plazo: cada vez que abordemos un proyecto estratégico largo en el tiempo, tendremos que lidiar con la incertidumbre de que pueda verse afectado por entornos regulatorios diferentes si éstos se modifican constantemente. La ley debe ser lo suficientemente amplia, flexible e incorporar las novedades, pero a la vez debe de ser lo suficientemente rígida o medular como para no renunciar a los principios básicos sobre los que se ha construido, para de esta manera permitir el desarrollo del negocio”.

Y concluyó señalando que “por pura lógica, el apoyo decidido a la innovación ha de ser uno de los elementos del cambio. Deberemos crear campos de pruebas o, como se conocen más comúnmente, sandboxes normativos que permitan la experimentación y la innovación. Estos campos de prueba deben afectar sólo al producto, no a quien lo desarrolla o implanta, porque de no ser así estarían negando de slguna manera su propia esencia de campo de pruebas y operando como un freno objetivo para la creatividad. Evidentemente, el mercado debe ser accesible para las start-ups, pero sin que ello suponga que dicho acceso le garantice a algunos jugadores del mercado una posición discriminatoria para los demás. Muy especialmente, todos los actores del mercado deben también poder acogerse a estos entornos especiales, ya sean start-ups o entidades asentadas. A fin de cuentas, todos los actores pueden ofrecer servicios innovadores que beneficien a los consumidores”.