José Luis Latorre | ‘La ignorancia lleva al error y este al aprendizaje, ¿o no?’

“Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber”

Albert Einstein

Empezamos este artículo de opinión con una maravillosa frase del quizás mejor científico de la historia, que se pasó la vida formándose y estudiando.

El pasado 4 de agosto, tuve la suerte de participar en un stream con 5 amigos vinculados con el sector asegurador, que organizó y moderó Miguel Ruiz Calvo. En él se pretendía hablar de mediación aseguradora y redes sociales, y sí, se habló… pero también salió el clásico de la Banca y sus prácticas y, por qué no decirlo, la siempre necesaria formación en un profesional que se precie.

Se empezó a tratar este tema a partir del comentario de que no se entendía la reducción de las horas de formación que la Ley de Distribución de Seguros contempla. Y, estando absolutamente de acuerdo, empecé a darle vueltas al tema, y me empecé a preguntar cosas y anotarlas. Por ejemplo, me pregunto por qué esta profesión está tan regulada que se le exige un mínimo de horas anuales de formación. La única respuesta que me vino a la cabeza es que los clientes de los mediadores ponen en sus manos su patrimonio, el futuro de sus hijos y el suyo propio cuando no estén en activo profesionalmente y su responsabilidad ante terceras personas por errores que puedan ocasionar. En definitiva, cosas muy importantes para las personas, de una importancia extraordinaria. Pero inmediatamente pensé: ¿y por qué un abogado, un economista, un médico o un ingeniero no tiene unas horas mínimas de formación anual reguladas por ley? A simple vista me parece que incluso son actividades mucho más importantes para las personas. Y eso me hizo reflexionar sobre la imagen que transmitimos al legislador y a la sociedad.

¿Porque hay alguien que piense que un abogado, un médico o un ingeniero, no acude a cursos, clases, que no estudia una vez ha finalizados sus estudios? ¿Alguien piensa que los abogados han nacido con una antena wifi que le traslada a su cerebro toda la legislación y jurisprudencia que diariamente surge o que un médico especialista no lee y estudia los avances, estudios, investigaciones que diariamente se publican? ¿Y, sin embargo, por qué a un mediador de seguros se le exige esta formación permanente? ¿Quizás es porque la experiencia ha demostrado que, si no se exige por ley, nadie lo hará? No sé.

Son muchas preguntas, pero la respuesta es que, pese a que la ley lleva desde julio más de 15 años publicada, aún ahora escucho que es obligatorio hacer tres proyectos de seguro por cada propuesta de seguro que un cliente solicite, y lo peor, que se le entregue al cliente. Alguien se imagina por un momento un médico entregando un sobre a un paciente diciéndole: “en el sobre hay tres posibles resultados de la dolencia que usted tiene. Escoja una; las otras dos pueden tener el resultado de muerte”. O un abogado diciendo a un acusado: “escoja usted cómo quiere que le defienda, y si entra en la cárcel, usted habrá escogido”.

La ley, cuando habla del análisis objetivo, es mucho más profunda que lanzar tres ofertas y que el cliente escoja. Al hacer esto estamos transmitiendo al cliente la responsabilidad del asesoramiento que cualquier profesional tiene que hacer, y eso tampoco se soluciona mediante un multitarificador como también he oído. El análisis objetivo es el estudio de las necesidades del cliente para que el producto asegurador ofertado se adapte a ellas y se tiene que hacer en todos las contrataciones. Y eso se puede hacer en cada contratación o previamente a la solicitud y de forma genérica; y eso pasa, por ejemplo, por analizar que la compañía aseguradora “X” es la mejor en el tramo de edad de 18 a 25 años en seguros de Automóvil en la provincia de Barcelona, pero si contratan el seguro con Robo ya no es la mejor porque las garantías y precio que ofrece la aseguradora “Y” son muchísimo mejor. Y eso, tal y como el regulador observó en diversas ocasiones, se ha de hacer cada año, incluso con la cartera, y no es lo mismo que tener un aviso cuando el recibo de renovación se incrementa un % por encima de lo previsible y le buscas otra compañía. Eso implica que se pueda o tenga que mover toda una cartera porque resulta que, desde el punto de vista profesional del mediador, una oferta aseguradora para un cliente ha perdido el objetivo inicial para el que se contrató y sí, es una “jodienda”, pero para eso se es mediador profesional.

Para otro artículo queda tratar sobre la independencia y si esa independencia es tal cuando una de las partes marca los ingresos del mediador por realizar su trabajo.

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