Ley de vida y otras reflexiones

Nacieron en la posguerra y han muerto con la COVID. Son la inmensa mayoría de los más de 30.000 fallecidos en esta pandemia, que aún no se ha ido ni se irá, mientras no llegue la ansiada vacuna. Ellos nos han dado una lección que, como sociedad, parece que no somos capaces de asimilar y obtener conclusiones. Si existiera un seguro de contingencias que cubriera la estupidez, hoy estaría colapsado su departamento de siniestros.

Ante la muerte de una persona de edad avanzada, solemos utilizar la manida expresión de “es ley de vida”, como justificando de alguna manera una ausencia que minimice en lo posible el dolor que se produce en esos momentos. Hoy, que vivimos en lo que se supone es una sociedad avanzada (otra expresión a revisar), debemos respetar, más que nunca, la memoria de nuestros mayores fallecidos para los que, una vez más, la ley de vida no ha existido. Se les ha privado de ella, como sin duda se les privó de tanto al nacer en aquellos momentos duros de reconstrucción de un país que venía de la más absoluta destrucción tras una guerra civil.

Una vida de ley, sin ley de vida al final, ¡que contrasentido!, marchándose sin que les tocara, sin despedidas, a hurtadillas casi, a su pesar, y con un dolor y sufrimiento añadidos que seguro no merecían.

Hace unos días reflexionaba también sobre cuál hubiera sido la reacción social si el colectivo afectado mayoritariamente por esta pandemia hubiera sido el de la adolescencia, o entre los 20 y 25 años. La edad no debiera ser motivo de diferencias en nuestras reacciones, y el dolor de la sociedad civil en estos casos debe ser el máximo, al menos plasmado en la responsabilidad posterior que les debemos.

Debiera ser de ley y por tanto también ley de vida sentarnos con nuestros hijos y hablar de lo que está pasando y qué conclusiones podemos sacar.

Mientras escribo esto, veo pasar en silla de ruedas a Ascensio, un txapeldun, una torre humana derribada desde su cima hará unos diez años. Y, sin embargo, su tesón le hizo levantarse y seguir en su caballo siempre guiado por su fiel escudero. Va por cerca de los 95 años seguro y,  como ejemplo vital, asombra.

Siempre hemos sacado pecho cuando nuestro sector resistió la anterior crisis como ningún otro. Se atendieron las reclamaciones, no hubo cierres ni quiebras (a Dios gracias) y el empleo del sector también. Sabemos que las consecuencias de esta gravísima crisis llegarán también al Seguro con el retardo que le es habitual, pero llegarán, y desconocemos hoy, absolutamente, si serán leves o en forma de tsunami que arrase a su paso. Esperemos que no.

También hoy, nos levantamos todas las semanas con sentencias que doblegan al sector bancario por errores del pasado, en particular en el área hipotecaria, aunque vendrán otras. Y vemos también el acercamiento de nuestro sector a éstos que le son ajenos. Mientras el sector bancario asumió el rol asegurador llevándose el “magro” en operaciones de bancaseguros, a su clientela cautiva con prácticas muy dudosas. No caigamos ahora en el error de la assurbanca para entrar en operaciones sin “chicha” que no nos tocan, creyendo en la fidelidad de nuestra clientela a la que podemos confundir. Hay otros problemas sin resolver, confío en que me entiendan.

Esperemos que no sea ésta una contraprestación para la mediación a la “imposibilidad” de comercializar determinados productos de vida que hasta la entrada en vigor de la IDD se podían mediar decentemente.

Son momentos de cercanía con el cliente y con la sociedad, momentos de transformación y transparencia; de reinventarse, adaptarse y acoplarse. Momentos de unidad ante lo desconocido, donde podemos estar en un punto de inflexión hacia la normalidad o hacia un agujero negro. Seamos positivos, pero cautelosos.

Prudencia y templanza; táctica y/o estrategia… siempre es bueno recurrir a Benedetti cuando nos necesitamos más que nunca. Feliz verano, que sea de Ley y #acubierto… y discúlpenme; debe ser la crisis de los 60. Por cierto, en agosto cuídense de los golpes de calor propios del verano, de las “agostías” que tan bien define el diccionario ilustrado del NEOÑOL, recientemente publicado en www.pocamonta.es Disfrútenlo también.

PD.- Acaba de fallecer Juan Marsé mientras termino este artículo: Lean algo de él este verano; yo sin duda refrescaré las últimas tardes con Teresa buscando alguna clave al dilema catalán; y disfruten de un buen vino, navarro o del Bierzo, gallego, catalán, de Madrid o mallorquín, de donde sea, pero bueno… los bodegueros lo necesitan, también, y siempre encontrarán motivos para brindar. #winelover

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