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El aseguramiento de eventos en tiempos de pandemia

El reguero de cancelaciones de eventos durante la crisis sanitaria ha supuesto pérdidas millonarias y un  incremento en el interés por el seguro entre los organizadores, aunque la caída del numero de eventos ha hecho descender el aseguramiento.

Cuando, a principios de 2020, la cascada de anulaciones por parte de los pesos pesados del sector tecnológico alegando la propagación en Asia de un extraño coronavirus obligó a los organizadores del Mobile World Congress a cancelar la edición que debía celebrarse en febrero en Barcelona, muy pocos vislumbraron lo que se venía encima. Aunque, en pocas semanas, todos tuvimos ocasión de comprobarlo.

La suspensión de las Fallas, que tenían que celebrarse a mediados de marzo, supuso unas pérdidas aproximadas de 700 millones de euros para Valencia, y la cancelación de la Semana Santa costó 500 millones de pérdidas solo en Málaga y Sevilla. Después llegaron (o mejor dicho, nunca llegaron) los Sanfermines, que hubieran supuesto unos ingresos de unos 150 millones de euros.

Suma y sigue. Según la Federación de la Música de España, sólo entre marzo y septiembre de 2020 se dejaron de celebrar eventos musicales en vivo valorados en unos 662,2 millones euros en España.

En cuanto a ferias y congresos, la cancelación y aplazamiento de unos 3.300 eventos en toda Europa hasta junio de 2020 supuso 28.800 millones de euros en pérdidas.

“La incertidumbre es la protagonista de nuestras vidas desde algo más de un año”, contextualizan desde el Área de Empresas de Mapfre España. “Hemos visto como en 2020 y en lo que llevamos de 2021 muchos eventos musicales, deportivos, teatrales, etc. han tenido que ser cancelados o pospuestos. Y los pocos que se están realizando se están haciendo con una serie de medidas y limitaciones que complican la asistencia a los mismos. Esperamos que con la vacunación y la tan ansiada inmunidad de rebaño poco a poco se puedan ir celebrando eventos y abriendo las puertas de estadios, teatros, salas de conciertos, etc. Pero lo cierto es que no podemos augurar cómo va a evolucionar el sector”, reconocen.

Protección aseguradora

En este contexto, desde la cancelación del Mobile World Congress, un conocido broker asegurador registró un incremento del 20% en las contrataciones de los seguros de cancelación de eventos. “Este dato revela la preocupación de organizadores y empresas por contar con una protección ante la posibilidad de no poder celebrar sus actos a causa del COVID-19. Por este motivo, la compañía prevé que esta tendencia siga al alza en los próximos meses”, señalaba en un comunicado.

Desde Alea Cover, agencia de suscripción especializada en este segmento, indican que los efectos de la pandemia se han percibido más en falta de actividad que en siniestralidad. “A corto plazo, es decir, este año, en cuanto a la comercialización, las perspectivas son mejores que en 2020, pero no llegaremos a años anteriores. Por otro lado, todos los mercados han endurecido su política de suscripción, por lo que las primas han ido a la alza y se ha reducido la capacidad. La previsión en la colocación es de menos operadores e incremento de primas, posiblemente llegando a niveles de hace 20 años, momento en que el negocio era mucho más rentable que en los últimos”, vaticinan.

“A nivel sectorial, la caída en la producción de pólizas de este tipo ha sido muy significativa debido a la paralización de determinadas actividades”, observa Manuel Martínez, responsable de Seguros Empresas de Catalana Occidente. “No obstante, conviene recordar, en referencia a la siniestralidad, que durante la pandemia otros sectores han visto crecer su actividad”, matiza.  A su juicio, “la reactivación de la actividad supondrá un crecimiento sustancial en este segmento de mercado que, además, es mucho más sensible al riesgo de cancelación, interrupción o retraso de los eventos que se organizan, ya sean viajes, conciertos, convenciones o eventos lúdicos, religiosos, vacacionales, culturales, etcétera. No tenemos ninguna duda de que se mantendrá el nivel de aseguramiento de estos eventos, ya que el organizador incurre en unos gastos muy relevantes e irrecuperables en caso de cancelación. Por tanto, ese riesgo precisa ser transferido para minimizar el impacto”, incide.

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