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Sanitas defiende el mindful eating o cómo mantener una relación sana con la alimentación

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Sanitas informa de que, en la actualidad, nuestro ritmo de vida nos lleva a comer con prisas, sin ser conscientes del valor nutricional de lo que ingerimos y, muchas veces, sin preguntarnos si realmente tenemos hambre. Frente a estos hábitos poco saludables, hay una tendencia que busca recuperar una alimentación más sana que evite futuros problemas de salud y que cada vez tiene más adeptos: el mindful eating o alimentación consciente.

Se trata de una práctica que tiene su origen en el mindfulness -conciencia plena- y que consiste en prestar total atención a todas las emociones y sensaciones corporales a la hora de comer, con el fin de saber diferenciar entre “hambre por necesidad o real” y “hambre emocional”. Y es que, según Grecia De Jesús, psicóloga de Blua de Sanitas, “muchas veces comemos sin que nuestro cuerpo lo necesite por una mala gestión de las emociones, la mayoría de las veces por ansiedad, aburrimiento, enfado, estrés o tristeza”.

El mindful eating implica tener una conciencia amable, sin juicio y curiosa respecto a los alimentos que comemos, así como respecto a los pensamientos, sensaciones corporales y emociones antes, durante y después de comer. Es decir, “busca mejorar la forma en la que nos relacionamos con la comida desde una esfera emocional”, asegura De Jesús.

Claves para poner en práctica el mindful eating

Para Grecia De Jesús, psicóloga de Blua de Sanitas, es importante tener en cuenta que el mindful eating “debe utilizarse como un hábito saludable y un estilo de vida, no como una dieta”. A continuación, nos da una serie de consejos para unirse con éxito a esta tendencia saludable:

  • Beber agua antes de comer. Esta práctica permite reducir la ansiedad y provoca un estado de calma antes de comer.
  • Comer tranquilo y sentado. Es importante sacar un tiempo prudente para comer sin prisas. Se recomienda reservar un mínimo de 20 minutos.
  • Controlar nuestros impulsos especialmente a nivel social. Identificar cuándo tenemos hambre e intentar comer solo cuando nuestro cuerpo lo necesite.
  • Masticar bien. No hay que engullir los alimentos, hay que dar mordiscos pequeños y debemos tragar toda la comida antes de dar el siguiente bocado.
  • Utilizar todos los sentidos, no solo el del gusto. Se recomienda practicar con una fruta como la manzana e intentar poner toda nuestra atención en las sensaciones que nos produce cuando la tocamos, la olemos y la saboreamos lentamente, relajándonos en cada uno de los pasos.
  • Controlar la sensación de saciedad. No hace falta sentir que tenemos el estómago completamente lleno para parar de comer, ya que nuestro cerebro tarda aproximadamente 15 minutos en enviar el mensaje de que está satisfecho; debemos darle ese tiempo.