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ARAG: Tras una ruptura, ¿quién se queda con el perro o el gato?

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Es habitual establecer un fuerte vínculo emocional con nuestras mascotas. Por eso, ante el fin de una relación sentimental surge la gran pregunta: ¿quién se queda con su tenencia?

España es el cuarto país de la Unión Europea con una mayor tasa de divorcios, cada año más de 160.000 parejas rompen su matrimonio. Pero hay que tener en cuenta otro dato; en casi la mitad de los hogares españoles hay una mascota. Por lo tanto, una de las preguntas y dudas que rápidamente surgen son: ¿Quién se queda con el perro o el gato tras una separación? ¿Se puede establecer un régimen de visitas o custodia compartida similar a la de los hijos?

En cuanto a los animales de compañía, el tratamiento aún no es, ni mucho menos, como el de los menores. Todavía se les trata jurídicamente como a ‘cosas’ o bienes muebles. No obstante, se prevé que esto cambie próximamente. El 14 de febrero de 2017, el pleno del Congreso de los Diputados acordó, por unanimidad, instar al Gobierno a modificar el Código Civil para que las mascotas dejen de ser considerados cosas y sean reconocidos jurídicamente como seres vivos. También, se propuso la modificación de la ley de Enjuiciamiento Civil que declara inembargables a nuestros queridos compañeros.

En esta propuesta de cambio, también se hizo referencia a las normas relativas a las crisis matrimoniales o de pareja, con el objetivo de concretar el régimen de custodia de los animales domésticos. Por eso, es importante regular cómo vamos a mantener la relación con nuestro animal de compañía, una vez nos hayamos separado o divorciado; no sólo hablamos de los vínculos del animal con la pareja, si no también, en caso de haber hijos, los que tienen con los menores. La relación entre los más pequeños y las mascotas acostumbra a generar lazos muy fuertes y la ruptura puede llegar a ser traumática. De hecho, la jurisprudencia recomienda no separar a los menores de ellos, en caso de divorcio o separación de los progenitores.

Generalmente, si el animal ya era de uno de los miembros de la pareja antes de unirse, parece que éste tenga prioridad a la hora de quedarse con él. En cambio, si es de ambos y los dos lo quieren en su compañía, es cuando puede generarse el conflicto. Tal como comenta Marina Barriendos, abogada de ARAG: “cada vez aparecen con más frecuencia nuestros animales en los convenios reguladores en divorcios, en los cuales, se establece quién los tendrá a su cuidado y quién los visitará o bien, se decreta la tenencia compartida, que no deja de ser la guarda exclusiva o compartida que se utiliza para el caso de los niños”.

En definitiva, el afecto que se les tiene dentro de la familia es indudable. Por eso, cada vez más, los jueces entienden a nuestras mascotas como seres afectivos y no como objetos. De hecho, están abiertos a elaborar regímenes de custodias para dejar fijadas las relaciones con sus dueños tras la ruptura, especialmente en casos en los que no se llega a un acuerdo. En estas situaciones, lo más importante es que prime el interés de los miembros de la familia y el bienestar del animal.