La revolución inminente del coche sin conductor

Editar noticia  Redacción

La Dirección General de Tráfico (DGT) se ha comprometido a elaborar, antes de que finalice la legislatura, un nuevo Plan Estratégico del Vehículo que se adecue al presente y al futuro de la automoción, incluyendo nuevas realidades en este ámbito como el coche autónomo. “La realidad del coche autónomo la tenemos aquí ya, y nuestra obligación es adelantarnos y estar preparados para ese tiempo que se nos avecina en muy pocos años”, en palabras del director general de Tráfico, Gregorio Serrano.

En la misma línea, Asier Miguel Soleto, responsable de Autos de Lagun Aro, vaticina que “el coche autónomo va a irrumpir con fuerza en menos años de los previstos, y esto puede suponer un punto de inflexión en el ramo de Automóvil no conocido hasta la fecha”. Bajo su punto de vista, “el seguro de Automóvil deberá reinventarse al disminuir de forma drástica la recaudación en primas fruto de las coberturas de Responsabilidad Civil y Daños Propios -que hoy acaparan el grueso de la facturación-, pero también pueden surgir nuevas necesidades”.

Alberto Rodríguez, jefe de gestión técnica y evolución de negocio de Automóviles de Mapfre España cree que “tanto el coche conectado como el autónomo van a cambiar el seguro de Automóviles”, planteando “retos apasionantes y exigentes, que demandan de las compañías agilidad, flexibilidad, innovación y eficiencia, etcétera”.

Adaptación

Eduard Folch, subdirector general y responsable de Automóviles y Particulares de Allianz, asiente: “La llegada del coche autónomo se ha visto acelerada en los últimos años, ya que los fabricantes están resolviendo con rapidez las dificultades que este planteaba. La industria aseguradora así como las legislaciones vigentes en torno a la circulación se tendrán que adaptar con la misma rapidez que la demanda”.

No es de la misma opinión Francisco Valencia, director de Gobierno Corporativo de Línea Directa, quien cree que “pasarán años hasta que el coche autónomo se generalice en nuestras carreteras, por lo que es muy difícil aventurar qué consecuencias pueden acarrear para el sector asegurador. De hecho, desconocemos cuál será su proceso de implantación o si, económicamente hablando, estará al alcance de todo el mundo”. En cualquier caso, añade, “sea cual sea su desarrollo, estos coches también necesitarán un seguro, tanto para protegerse ante determinadas eventualidades (actos vandálicos, accidentes o incluso averías) como para cubrir la responsabilidad derivada de los posibles daños causados a terceros”, por lo que, “una vez más, la flexibilidad y la capacidad de adaptación será clave para responder adecuadamente a este nuevo avance”.

“Dado que no se prevé una implantación inmediata ni una gran penetración, el sector asumirá los cambios de procesos, coberturas y prestaciones que se deriven de la llegada del vehículo autónomo en su momento”, asiente Alejandra Martínez, responsable de Automóviles de MGS. “Hasta entonces, asistiremos a una cada vez mayor implantación de asistencias tecnologías a la conducción que reducirán la siniestralidad, y consecuentemente, la facturación del ramo”.

Siniestralidad a la baja

En este punto, Iván Jiménez, responsable de desarrollo de negocio de ARAG, argumenta que “si tal como nos comunican los fabricantes de automóviles, los vehículos autónomos serán prácticamente infalibles, la reducción de la siniestralidad deberá ser muy importante”, ya que “la mayoría de los accidentes que hoy en día se producen en nuestras carreteras tienen un origen humano”, recuerda.

Nuria Fernández París, directora de Particulares No Vida de AXA, está de acuerdo: “Previsiblemente la siniestralidad en este tipo de vehículos motivada por las distracciones del conductor (36% de los accidentes actuales) prácticamente desaparecerá, lo que favorecería la reducción de prima”. Sin embargo, matiza, “aún no está claro el impacto final sobre la siniestralidad dado que se incorporan nuevos riesgos que debemos valorar y que pueden suponer un incremento siniestral, como son el mayor valor de vehículo al incorporar esta nueva tecnología que va a permitir la conducción autónoma”. Por otro lado, “la tipología de siniestros puede alterarse al modificarse el comportamiento humano ante una situación en favor del algoritmo prefijado en el vehículo”, añade antes de preguntarse “¿qué decisión tomará un vehículo autónomo sobre la trayectoria a seguir cuando esté en riesgo la seguridad del conductor o la de varias personas (peatones, conductor, ciclista)?”.

Transición

Asimismo, desde ARAG, Jiménez añade que “a pesar de que en la próxima década podamos ver vehículos autónomos por nuestras carreteras, tendremos un periodo de transición donde convivirán tanto los vehículos conducidos por personas como los autónomos”, lo que a su juicio “generará toda una serie de situaciones nuevas de riesgo como por ejemplo, determinar qué vehículo es el responsable de la colisión y en el caso de que sea el vehículo autónomo quién tendrá la responsabilidad final (propietario, fabricante, proveedor software…)”. En su opinión, “la coexistencia de dos tipos de seguros será el escenario donde las compañías deberemos movernos durante un periodo previsiblemente de larga duración”.

En este sentido, Fernández París, de AXA, explica que “la entrada en este modelo de circulación se está haciendo de forma paulatina, en base a los niveles que miden la involucración de las personas en la conducción: partiendo del actual sistema que exclusivamente emite avisos (nivel 0), se irán incorporando sistemas que permitan al conductor ‘desatender la conducción’,  hasta llegar al nivel 5 en el que el conductor pasará a ser ‘un pasajero’”; fases durante las cuales, “desde el punto de vista asegurador, deberemos ir adaptándonos en precios y servicios”.

Por otro lado, Folch, de Allianz, añade que “la tecnología de conducción autónoma contribuirá probablemente a una disminución de los automóviles en propiedad, en favor de las flotas de motor, carsharing y taxis sin conductor como parte el nuevo concepto de movilidad”, por lo que “los aseguradores ya no proporcionarán las mismas pólizas de seguros automovilísticos a los conductores, sino que se las suministrarán a los grandes fabricantes, propietarios de flotas y operadores”.

Desde Lagun Aro, Soleto va incluso más allá, al señalar que “el coche es un medio de transporte más, el más utilizado hoy, pero la verdadera necesidad de las personas es moverse con seguridad y no tener un coche, y el sector tendrá que adecuarse para garantizar no tanto el vehículo, sino la movilidad de las personas”.

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