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González de Frutos cree que el ahorro debe encontrar alternativas a los sistemas de prestación definida

El futuro de la prestación definida
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Pilar González de Frutos, presidenta de Fides y de Unespa, ha pronunciado hoy una conferencia sobre el futuro de las pensiones en una jornada organizada por IAIS-ASSAL y AIOS en Santiago de Chile.
Redacción
17 de Abril de 2017, 17:15CEST

La intervención se produjo en el marco del seminario titulado “Sistemas de pensiones: desafíos y perspectivas. Rol de las administraciones de fondos de pensiones y las aseguradoras”.

Según sus palabras, “el reto de las pensiones son dos retos interconectados. El primero de ellos, que excede el perímetro de esta mesa de diálogo, son los sistemas basados en el pacto intergeneracional, lo que normalmente conocemos como sistemas de reparto, regulados y tutelados desde lo público. El segundo es la construcción de un segundo pilar, que en ocasiones es primero, al lado del de reparto basado en la capitalización individual. Si el primero de los retos se sirviese por sí mismo para responder a las necesidades presentes y futuras de la sociedad en la que actúa, no estaríamos aquí. Si estamos aquí es porque, en términos generales y sin entrar en detalles sobre países concretos, parece evidente que un sistema de pensiones del siglo XXI, o grava el empleo de una forma anticompetitiva para financiar el reparto, o debe descargar parte de sus compromisos en el pilar de capitalización”.

González de Frutos considera que “la principal cuestión que afecta a la construcción de pilares de capitalización, sean complementarios o suplementarios, es que los últimos 30 años han vivido el declive de la certitud financiera. Alguien en mi mercado, el español, saludó en su día la grave crisis financiera mundial provocada por las hipotecas subprime con la frase: «ya no existen los activos libres de riesgo». Y tenía razón. La crisis financiera del 2007-2008 ha tenido como consecuencia que sea mucho más difícil buscar referencias libres de riesgo. Este fenómeno, sin embargo, no es sino un peldaño más de una escalera que llevábamos ya años subiendo, o bajando, según se mire”.

Añadió que “es cierto que a los sistemas de reparto solemos llamarlos de prestación definida; pero eso no deja de ser una concesión elegante, porque en esencia no lo son. La inmensa mayoría, por no decir todos, de los sistemas de pensiones desarrollados, han abordado en las últimas tres décadas procesos de reajuste de sus parámetros que, en esencia, quieren decir que la promesa de 1.000 se ha convertido en una promesa de 990, 950, 900, o más abajo”.

Además, explicó que “los sistemas de previsión han migrado a la contribución definida por razones importantes. La gran presión hacia la contribución definida en las últimas décadas la han ejercido los promotores de la previsión colectiva, esto es, los empresarios o las corporaciones profesionales. La razón obvia es que en un esquema clásico de prestación definida a largo plazo, los defectos de casamiento entre activos y pasivos, las situaciones en las que faltaba activo para cubrir todo el pasivo, son cubiertos: o bien por el gestor del ahorro, con sus propios recursos; o bien, que es el mecanismo más habitual, por el promotor, el empresario, que tiene que poner más dinero. En un entorno de desplazamiento de la longevidad o de tipos a la baja, pues, para el promotor lo que en su inicio era un coste fijo se convierte en un coste variable; en ocasiones, muy variable. La solución para ello es cambiar la filosofía del plan y convertirlo en un esquema en el que se sabe lo que se pone, pero no se sabe lo que se recibirá”.

Problema de la prestación definida

La presidenta de Unespa indicó que “el problema básico que presenta el ahorro-previsión de prestación definida desde el punto de vista del activo es que no suele haber mucha oferta de elementos en el mercado que permitan un casamiento perfecto de plazos. Los gestores de compromisos a largo plazo son compradores natos de renta fija y, dentro de ésta, de los empréstitos emitidos por los Estados. Salvo casos concretos, la deuda pública local es el activo que ofrece las mejores características para «estar detrás» de un compromiso a largo plazo. Pero la deuda pública, y por ende la privada porque se mira mucho en ella, tiene dos problemas: el primero, que ya lo he señalado, que hoy por hoy los estados son renuentes a emitir compromisos a muy largo plazo; el segundo, que, en algunos casos, son igualmente renuentes a emitir deuda indexada con la inflación”.

Y concluyó señalando que “estamos en un siglo XXI en el que los que ya están ahorrando tendrán que ahorrar más, y los que no están acostumbrados tendrán que hacerlo. En ese entorno, ¿nos parece adecuado que esas masas de ahorro se emplacen fundamentalmente en esquemas de contribución definida? Si su respuesta es como la mía, si ustedes responden no, entonces tenemos trabajo por delante en materia de inversiones, para poder adaptarlas a este objetivo mayor, que ya de por sí es complejo pero lo es más todavía en este mundo de incertidumbre financiera que nos ha tocado vivir. Pero es posible. Yo, por lo menos, así lo creo”.